La dictadura de Raúl Castro indultó a 3,522 prisioneros, como ofrenda al papa Francisco por su visita que comienza hoy.
Todos los indultados son presos comunes. No está entre ellos ni uno solo de los por lo menos 71 prisioneros políticos y de conciencia que hay actualmente en Cuba, según el registro de la no gubernamental Comisión Cubana de Derechos Humanos y de Reconciliación Nacional.
Por otro lado, además de reunirse con el presidente Raúl Castro, como es de rigor político y diplomático, Francisco se reunirá también con el dictador retirado Fidel Castro, igual que lo hicieron sus antecesores Juan Pablo II y Benedicto XVI cuando también visitaron la isla cautiva del Caribe. Lo que no está previsto es que el papa se reúna con miembros de la oposición y la disidencia, ni siquiera con los más moderados, aquellos que no plantean un cambio de sistema ni de gobierno, solo piden libertad de conciencia, de expresión y de asociación.
Desde que se anunció esta visita papal a Cuba comunista, Francisco y sus voceros en el Vaticano dijeron que su sentido es de misericordia. Pero si el papa debe ser misericordioso incluso con dictadores que, de acuerdo con la doctrina católica, probablemente se van a pudrir en el infierno por los muchos crímenes cometidos y de los cuales no se han arrepentido, también debería tener misericordia con las víctimas de los tiranos, con los presos políticos y de conciencia, con las personas carentes de libertad, excluidas y perseguidos porque no comulgan con la doctrina comunista ni se acomodan al sistema dictatorial.
Se entiende que los gobernantes comunes y corrientes que visitan Cuba, aunque se digan demócratas desprecien a los opositores y disidentes, o que por temor a la dictadura no quieran reunirse con ellos. Pero el papa no es un gobernante común y corriente. Él es el pastor de los católicos de todo el mundo y abogado de los perseguidos y excluidos de todo el planeta, cualesquiera que sean sus ideas y su fe. Si el secretario de Estado de Estados Unidos, John Kerry, aunque no invitó a los opositores y disidentes a la apertura oficial de la nueva Embajada en Cuba, sin embargo se reunió con ellos de manera extraoficial, ¿por qué el papa no podría hacer lo mismo?
Además, el papa Francisco no solo debería agradecerle al régimen comunista que en su honor libere a presos comunes. También debería pedir —solo pedir, ni siquiera exigir— que todos los presos políticos y de conciencia —los que están en las mazmorras y los que mantienen en sus domicilios por cárcel— sean amnistiados y liberados.
El abogado y periodista cubano Sergio Ramos dice en el sitio Cubanet, que el santo padre apretará las manos de Fidel y Raúl Castro, “manos manchadas de sangre que han causado por más de cinco décadas, y todavía causan, un profundo dolor y esclavitud a todo un pueblo”.
Pero la verdad es que se entiende que por el interés de la Iglesia en Cuba y de la diplomacia vaticana, y por la misericordia cristiana con todos los hombres, inclusive los peores, Francisco debe estrechar las manos de los hermanos Castro. Lo que no se puede entender es que no estreche las manos de las víctimas, de los perseguidos y oprimidos por la dictadura castrista.