Aunque en el subciclo de primera los daños provocados por la sequía, según datos oficiales, se circunscribieron a la producción de granos básicos de las comunidades del Corredor Seco, en la postrera se extenderán a los cultivos agroindustriales del occidente y oriente del país.
“A estas alturas y después de mes y medio sin lluvias no creo que nadie se arriesgue a sembrar sorgo. Probablemente este sea el producto más afectado ya que no dio tiempo de sembrar todo lo que se tenía previsto”, asegura Manuel Álvarez, presidente de la Asociación de Productores de Sorgo (Anprosor).
Parte de las 24,000 manzanas destinadas para la producción de al menos 1.30 millones de quintales de sorgo, quedaron a la espera de que cayera la lluvia para concretar la siembra.
Debido al bajo precio del grano —12.80 dólares por quintal— no es posible utilizar sistemas de riego.
Además, esto no garantiza que se contrarrestará todo el daño provocado por la sequía.
En los próximos días se cuantificarán las áreas no sembradas de sorgo para determinar en qué proporción se reducirá la cosecha. El sector firmó un contrato con la Asociación Nacional de Avicultores y Productores de Alimentos (Anapa), que ante esta reducción tendrá que solicitar la ampliación de la cuota de importación de maíz amarillo o soya para garantizar la alimentación de las aves.
Muestra de que el riego no protege completamente contra la sequía es que los cañeros, que en su mayoría lo usan, prevén la reducción de al menos diez millones de quintales de caña, en la zafra 2015-2016 que iniciará en noviembre. “Merma que reducirá en aproximadamente un millón de quintales la producción de azúcar con respecto al ciclo anterior”, detalla José Antonio Mayorga, presidente de la Asociación de Productores Privados de Caña de Azúcar de Occidente (Aprico).
La zafra pasada también reportó reducción como consecuencia de la sequía. Se produjeron 15.30 millones de quintales de azúcar, más de un millón de quintales menos que el ciclo previo.
La disminución es producto de que las áreas previstas a renovarse —de este que es un cultivo permanente— no se pudieron sembrar por la escasez de lluvia, y porque la caña no ha crecido lo suficiente como para que los ingenios puedan cortarla, aún en las plantaciones que usan riego, “aunque en ellas la afectación es menor”.
“Esta crisis se nos viene acumulando. La única esperanza es que llueva en lo que falta de septiembre y en octubre, y si es posible en noviembre, sería la única salida para que la caña crezca aunque sea un poco para que los ingenios la puedan cortar. De lo contrario habrá muchas áreas que no se podrán cortar”, advierte Mayorga.
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