Mucho antes de llegar a convertirse en el monstruoso bateador que ahora infunde pánico en el corazón de sus rivales, David Ortiz era solo un espigado joven dominicano que iba tras una oportunidad en el beisbol, intentando demostrar la fortaleza que tenía dentro.
Fue firmado en el verano de 1993 por Seattle, que tomó a un grupo de chavalos como la base para establecer su academia en República Dominicana. “¿Cuánto crees que podría costar todo el grupo?, preguntó Gordon Blakeley, director de scouteo de los Marineros en aquel momento.
“Creo que con 120 mil dólares los firmamos a todos”, respondió su asistente. “¡Fírmalos a todos!”, ordenó Blakeley. Ortiz iba en el grupo. Un año después viajó a Estados Unidos y para 1997 ya había enseñado la potencia que debía impulsarlo hacia las Mayores.
Al menos eso pensó David, quien tuvo .317 con 31 jonrones y 124 remolques en la suma de su labor en AA y AAA, pero fue cambiado a Minnesota por Dave Hollins. Y aunque subió a las Mayores ese año y bateó .327, al siguiente estaba en AAA con el Salt Lake.
“Fue una época muy difícil para mí. Cada vez que yo le hacía swing duro a la bola, Tom Kelly, entonces mánager de los Mellizos me decía ‘¿qué diablos crees que haces? Pon la bola en juego, batea hacia la banda contraria’ y eso me apagaba el entusiasmo”, dice.
Después de un poco más de cuatro temporadas, en las que no pegó más de 20 jonrones ni empujó 80 carreras, Minnesota lo dejó en libertad en diciembre del 2002. Un mes después lo firmó Boston por un año y 1.25 millones de dólares. Pero ahí vino el cambio.
EL FACTOR LITTLE
“Cuando jugaba en Minnesota y hacíamos avanzar los corredores con una rola, llegabas al dogout y te saludaban efusivamente. Un día lo hice en el entrenamiento con Boston y nadie me saludó. Me pareció extraño, pero luego lo comprendí”, reflexiona Ortiz.
En un extremo del dogout, estaba el mentor de los Medias Rojas, Grady Little, quien llamó a Ortiz y le dijo las palabras que provocarían un punto de inflexión en la carrera del cañonero dominicano, quien para entonces comenzaba a desesperarse por tiempo de juego.
“Me dijo, ‘yo no quiero que muevas los corredores, voy a ser feliz si los traes a home. Haz swing duro. Tú puedes tumbar la cerca’. Yo sentí un alivio y mi vida dio un giro que me ha permitido disfrutar mejor el beisbol”, dijo Ortiz a The Boston Globe recientemente.
Aquella plática despertó el monstruo que David lleva dentro y que la noche del sábado le permitió convertirse en el bateador número 27 de 500 jonrones en la historia de las Grandes Ligas. Y quizá lo más llamativo es que Ortiz aún tiene fuego en sus entrañas.
Pero no todo fue tan fácil. Ortiz debió trabajar duro cada día para hacer ajustes y pegar jonrones. Ese año (2003) a la altura del mes de junio, llevaba cuatro jonrones y Manny Ramírez le decía “Juan Pierre”, en alusión al veloz, aunque sin poder, exjardinero central.
¿IRÁ A COOPERSTOWN?
Durante trece años en Boston, Ortiz ha tenido un promedio 34 jonrones y 107 carreras empujadas por campaña. Se ha convertido para muchos en el más importante bateador en la historia de los Medias Rojas y eso es como tocar a Ted Williams con las manos sucias.
Sin embargo, David ha contribuido a que Boston se corone en tres Series Mundiales y es junto a Williams, Jimmy Foxx y Manny Ramírez, uno de los cuatro artilleros de ese plantel, que ha llegado a 500 cuadrangulares. También es el cuarto dominicano.
Cuando debutó en las Mayores el 14 de septiembre de 1997, David le conectó jonrón a su compatriota Julio Santana en Arlington, pero los reflectores siguieron a Dan Serafini, quien con un trabajo de siete ceros llevó a Minnesota a un triunfo 11-1 sobre los Rangers.
La noche del sábado en San Petersburgo, él estaba en el centro de la atención, con sus dos bombazos ante Matt Moore. Y es que desde que le tomó sabor al protagonismo, a Ortiz no le gusta compartir con nadie el primer plano. Ha sabido situarse justo ahí.
Su única mancha de sopa en el mantel es que se le ha vinculado a la lista de jugadores que dieron positivo sobre sustancias para mejorar el rendimiento, realizada en el 2003 por las Grandes Ligas y revelada posteriormente por diarios estadounidenses.
Lo demás, lo ha hecho bien.
DETALLES
David Ortiz le pegó el primer jonrón de su carrera al dominicano Julio Santana, de los Rangers y el 500 a Matt Moore, de los Rays.
El lanzador que más jonrones de Ortiz ha tolerado es Roy Halladay, con seis, mientras que Jamie Moyer le cedió cinco. Hay 11 con cuatro.
Toronto es el equipo al que más le jonronea Ortiz con 59, seguido por Tampa con 48. Y donde más jonrones pega es en Fenway Park (201).
Ortiz se ha unido a Albert Pujols (555), Manny Ramírez (555) y Sammy Sosa (609), como los cuatro dominicanos del club de 500 jonrones en sus carreras.
Jimmy Foxx llegó a 500 jonrones el 24 de septiembre de 1940; Ted Williams el 17 de junio de 1960 y Manny Ramírez el 31 de mayo del 2008. El domingo, David Ortiz.
WILLIAMS AL FRENTE
521 es el récord de jonrones para un bateador de los Medias Rojas, en poder de Ted Williams. Luego está Cal Yasztremski (462) y David Ortiz con 444. Los demás, los conectó con Minnesota.
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