“Bonilla fue todo un personaje del teatro que marcó mi vida”, revela la actriz y maestra Ivonne Pastora García Meléndez, a quien conoció en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua en 1976, cuando dirigía el grupo de teatro universitario Ollantay.
Desde entonces Socorro Bonilla Castellón, fundadora de la Comedia Nacional de Nicaragua fue su maestra principal, su directora en muchas puestas en escena, y la inspiración que la hace decir emotivamente: “El teatro y mis hijos lo son todo para mí, son mi vida”.
García Meléndez, estudió en la UNAN, Ciencias de la Educación con mención en español. Y se ubica como de la generación de la Comedia Nacional de Nicaragua que surgió en los años sesenta, con las actrices Marina Obregón, Mayra Bonilla, y el actor Aníbal Almanza, quienes también estudiaron español.
NIÑA TALENTO
Al preguntarle de su infancia entonó una frase “ese toro enamorado de la luna…”, canción de Joselito (José Jiménez Fernández) niño prodigio español. Para entonces, recuerda cursaba el primer grado de primaria y su principal animadora en el canto de baladas era su madre Miriam Meléndez.
A los 7 años, le gustaba cantar, declamar y actuar, deseos que la llevaron a demostrar su talento infantil en programas de televisión como el que tenía el conocido promotor Luis Méndez.
Su abuela “Chenta” (Vicente Meléndez), quien era aficionada al canto lírico, la premiaba con entradas al cine Aladino, o al Managua, dice.
Fue así, que uno de esos días declamó el poema Sonatina de Rubén Darío, y fue merecedora de un Primer lugar en un concurso nacional. Ella representó el sexto grado del colegio Francisco Morazán.
En la secundaria conoció a la profesora Manuelita Rocha, que daba clases de español en el Colegio Nacional de Comercio Manuel Olivares, que la impulsó a ser parte de las actividades de literatura y teatro.
Su primer maestro de teatro aficionado fue el actor Mincho Zapata, este la invitó a participar en pequeñas obras que llevaron a iglesias y colegios de Managua.
DEBUTA EN LA SALA MAYOR
Al poco tiempo su profesora de español la recomendó a Bonilla Castellón. Fue a buscarla a la universidad y en el encuentro Bonilla Castellón le dijo: “Si te gusta el teatro, tienes talento y sobre todo mucha disciplina, podrá ser miembro del grupo”, recuerda García Meléndez, son palabras que no olvida.
La admitió en el grupo del teatro Ollantay, y comenzó a ensayar en 1976 para su primer papel en la obra La gallina ciega, de Octavio Robleto. “Hacía de un pollito”, dice mientras sonríe con pena.
“El elenco lo integraban 12 cipotas; la gallina la hacía Marina Obregón y el gallo, Róger Miranda”, añade.
Este fue su debut en la Sala mayor del Teatro Nacional Rubén Darío, no le sorprendió y reconoce que fue gracias a Bonilla Castellón que era respetada en el ambiente cultural. Su prestigio también la cobijó en su entrada a la Comedia Nacional de Nicaragua.
El año siguiente actuó en las piezas de teatro infantil Pasada de Tío Coyote y Tío Conejo, Un jardín para ser feliz, también de Robleto. Y en un recital poético.
AÑOS OCHENTA
Actuó como una dama joven, en la pieza teatral Seis Personajes en busca de autor, de Pirandello. Luego participó como parte del coro plástico en Judas, un absurdo teatral de Enrique Fernández Morales. Después en un recital de poesía dariana.
Recordó que, por causa de la guerra, en 1980 no se pudo estrenar las obras de protesta, Por aquí pasó un soldado, y Qué pasó en Monimbó, escritas por Octavio Robleto. Estaba lista y le hubiera gustado actuar, se lamentó.
No obstante le llegó otra oportunidad, cuando fue invitada para realizar el personaje de Sor Honorina, uno de los estelares de la obra Proceso a Cuatro Monjas, de Cajoli, puesta en escena en 1982.
Esta es la historia dramática de prostitutas que pasada la guerra se refugian en un convento y toman la identidad de monjas muertas.
MAESTROS Y PERSONAJES
Gracias a Bonilla Castellón, dice, tuvo la oportunidad de contar con otros maestros, entre ellos el soviético Adolfo Shapiro que dirigió en 1988 la obra El jardín de los cerezos de Antón Chejov; en ella actuó como Annia.
Con él aprendió hasta de la forma de actuar en los momentos de silencios. Luego se fue junto con la uruguaya Herita Stern y otros actores, a realizar teatro en las calles.
“Hacíamos teatro en las calles, parques y nos rodeaban niños; y era difícil actuar por el bullicio, pero lo logramos”, relata.
Con Stern también participó también en montaje de Los fusiles de la madre Carrar de Bertolt Brecht. Hizo de María José.
Con el cubano Nicolás Dorr, disfrutó en 1989 de sus trabajos del mundo del absurdo, una de esas puestas fue Clave de Sol, donde actuó como Abelina. Luego en la obra El Pagador de promesas, de Díaz Gómez, con el papel de Rosa.
En 1992 laboró en la producción y vestuario de la exitosa obra La Verdadera Historia de Pedro Navaja, de Pablo Cabrera, que dirigió el cubano Nelson Door.
Si bien participó en otras obras teatrales, también lo hizo en una versión especial de Los hijos de Medea, de Susanne Osten, porque en su montaje se consideró el uso de vestuario moderno.
Esta magnífica pieza teatral fue dirigida por Stern en la Sala Mayor del Teatro Nacional Rubén Darío.
Recuerda que hizo de Medeita, y demostró su madurez profesional. En el elenco estaban Mayra Bonilla, Salvador Espinoza, Aníbal Almanza, entre otros; y fue otro éxito de taquilla.
García Meléndez también fue dirigida por el maestro Erasmo Alizaga en la obra La Historia de una muñeca abandonada, de Alfonso Sastre; hacía de Paquita.
“Erasmo ha sido uno de los compañeros más talentosos de la Comedia, le tengo respeto y cariño”, elogia a este otro maestro de dirección artística que tiene la Comedia Nacional de Nicaragua.
“Federico García Lorca es un maestro y me encantó hacer el papel de la Vecina roja, en una de sus obras La zapatera prodigiosa”, confiesa García Meléndez al recordar su actuación, corta pero intensa, y que disfrutó.
Estas obras forman parte de más de treinta puestas en escenas de su fructífera vida en el teatro nicaragüense, repasa García Meléndez, su exitosa carrera en las diversas agrupaciones teatrales, principalmente en la Comedia Nacional de Nicaragua que este año celebra sus cincuenta aniversario de fundación.
Discípula de Socorro Bonilla
Se siente discípula de Bonilla Castellón, fiel a sus enseñanzas del teatro multidisciplinario, relacionado con la actuación, música, danza, literatura y artes visuales.
Esto la hace decir que el “mejor actor debe en lo posible dominar diversas artes a la vez cantante, bailarín, compositor, poeta, o dramaturgo como Luis Harold Agurto, por ejemplo”, reflexiona.
Este sentimiento y criterio le ha servido para sostenerse durante casi cuatro décadas en el teatro, el que ha sido, destaca, enriquecedor. Y que también ha transmitido a nuevas generaciones como profesora de teatro.
Así ha impartido sus clases en la Escuela Nacional de Ballet, “porque los bailarines también necesitan expresar sus sentimientos a través de la danza contemporánea”, explica.
“Ahora estoy sembrando la semilla de la actuación a un grupo de teatro del Centro Cultural de Batahola Norte y me siento más realizada”.
Su contenido aborda diversas técnicas teatrales; también cuida el tratar temas del cuido del medioambiente y los derechos de los niños y niñas.
Por su carrera como actriz y maestra destacada ha recibido numerosos reconocimientos en festivales de teatro y danza; no obstante prefiere no mencionarlos.