El poder judicial de Venezuela, subordinado políticamente al presidente ultraizquierdista Nicolás Maduro, condenó al líder opositor democrático, Leopoldo López, a 13 años más nueve meses y siete días de prisión.
López fue condenado después de un largo proceso lleno de procedimientos arbitrarios y graves padecimientos emocionales, el mayor de ellos la pérdida de la libertad personal y el dolor de la familia del prisionero.
A Leopoldo López lo condenaron por los supuestos ilícitos de instigación pública, daños a la propiedad, incendio intencional y asociación para delinquir, durante la violencia callejera en febrero del año pasado, delitos que la fiscalía y el poder judicial chavista no pudieron probar. Por eso José Miguel Vivanco, director para América de Human Right Watch, comparó la condena impuesta a Leopoldo López con las sentencias que se dictaban durante las cacerías de brujas y los juicios de la inquisición en la época medieval. Cierto, pero le faltó mencionar también los abominables procesos de Moscú, en la época estalinista, y de China Comunista, Corea del Norte o la Cuba castrista.
La condena a Leopoldo López sorprendió a muchas personas que tenían la esperanza de que el líder democrático venezolano sería absuelto y liberado. Así lo esperaban, en primer lugar por la gran solidaridad internacional que se ha manifestado en favor del prisionero venezolano, pero también porque se especulaba que el alto funcionario del Departamento de Estado de Estados Unidos, Thomas Shannon, había conseguido en sus negociaciones con Nicolás Maduro, en julio pasado, la promesa de que López sería liberado mediante una sentencia mínima que cumpliría en su casa de habitación.
Pero los gobernantes totalitarios son perversos e implacables por su propia naturaleza, y más cuando tratan de exterminar a la oposición o quieren intimidarla con la represión judicial. “Leopoldo López no estaría en prisión si Venezuela fuese una democracia”, señaló Javier El-Hage, director jurídico de Human Right Fundation, otra ONG internacional defensora de los derechos humanos. Y recordó El-Hage que lo mismo que ha hecho el régimen chavista con Leopoldo López, lo hizo la dictadura comunista china en 2009 con el Premio Nobel de la Paz, Liu Xiaobo, y la dictadura de Kazajistán con el líder de la oposición democrática Vladimir Kozlov.
Lo cierto es que de las anacrónicas dictaduras procomunistas, como la de Nicolás Maduro en Venezuela, no se puede esperar más que maldad, violación de los derechos humanos, atropello a la dignidad de las personas, juicios arbitrarios contra los opositores y disidentes, sin excluir su liquidación física. “El comunismo —del cual el socialismo del siglo 21 es una variedad contemporánea— no prepara para el mundo ‘feliz y humano’ que predica, sino para lo contrario”, advierte con toda razón el periodista y escritor español José María Carrascal.
Pero mal que le pese a Nicolás Maduro y sus secuaces, Leopoldo López no estará en prisión los 13 años y pico que le han impuesto. Mucho antes de eso la dictadura chavista se habrá de derrumbar, de la manera que sea. Y es probable que Leopoldo López, como Nelson Mandela en la República de Sudáfrica, de la cárcel pase a la presidencia de la nueva república democrática de Venezuela.
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