Nuestro Señor Jesucristo vino a mostrarnos a Dios con un perfil que para los judíos era poco común. No imaginaron ver al Creador de la forma que lo presentó el Señor. Jesús acostumbra apartarse a orar antes de emprender su jornada, y aunque los judíos también acostumbran hacer oraciones, nuestro Señor reflejaba una relación especial entre Dios y Él. Lucas, en su Evangelio, nos comenta que en cierta ocasión un discípulo anónimo decide pedirle a Jesús: enséñanos a orar.
Una de las revelaciones más ricas del Nuevo Testamento es que Jesús nos presenta a Dios como Padre. Nuestro Señor, se dirigía en oración a Dios como su “papá”. Jesús en sus oraciones le llama “Abba”, una palabra que del idioma arameo se traduce como: “Papito”. Nadie antes había llamado así a Dios.
El primer paso de Jesús, en su misión redentora, es acercarnos a Dios como nuestro Padre. Muchos miraban a Dios como alguien lejano, terrible, justiciero, pero Jesús nos afirma que es nuestro Padre. Por lo que nos anima a dirigirnos a Dios con la misma confianza y sencillez que se acerca un hijo a su papá.
“¿Quién de ustedes, si su hijo le pide pan, le da una piedra? ¿O si le pide un pescado, le da una serpiente? Pues si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más su Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan!”, expresa Jesús en el Evangelio de Mateo 7: 9-11.
Jesús, de esta manera, quiere que descubramos el amor infinito de Dios hacia nosotros, y nos explica que somos hijos de Dios, herederos del Reino de los Cielos, privilegio que si en nuestra vida llegamos a comprender, gozaremos de la Gloria de Dios, desde esta vida y la eterna. Dios, nuestro Padre, añora tener una relación íntima con cada uno de sus hijos, es como el padre que espera una llamada de su hijo para conversar con él, saber sus necesidades y disponerse a ayudarle.
En la petición a Jesús, elaborada por un discípulo anónimo que anhela aprender a orar, notamos que nuestro Señor nos indica que el orador, desde el principio, debe reconocer a Dios como su Padre. “Padre nuestro que estás en los cielos ”, es la frase que introduce la oración modelo para el cristiano. Reconocer a Dios como nuestro Padre, nos ayuda a amarlo, a sentirnos protegidos, amados y comprendidos.
Jesús nos anima con insistencia a acudir al Padre por medio de la oración. Es nuestro Señor Jesucristo quien nos lleva al Padre. La Carta a los Hebreos nos alienta a entablar una relación de amor con Dios: “Acerquémonos con confianza al trono de la Gracia”; esto por medio del Espíritu Santo que nos impulsa a llamarle a Dios: “Abba”, “Papito”.
Dios anhela que acudamos a Él. Un papá que después del trabajo, regresa a casa, se le derrite el corazón, al escuchar a su hija llamarle “Papito”. Dios es Padre, quiere oír la voz de sus hijos. Le agrada que lo busquemos para platicar con Él. En Jesús tenemos el mejor ejemplo a seguir para acercarnos a nuestro Padre, recuerda que Él te ama, te está llamando y esperando, para tenerte en su regazo.
El autor es Presidente de la Asociación Cristiana Jesús está Vivo.