Una de las principales causas de atraso tiene que ver con el reducido énfasis que el sistema educativo/social hace en inculcar valores de puntualidad, honestidad, responsabilidad y respeto. Somos responsables de inculcar esos valores en nuestro núcleo familiar/entorno social.
Vale la pena vivir y hacer el esfuerzo de ser feliz; pero sin confundir libertad con libertinaje. La mayor condena proviene de la propia conciencia. Como decía Facundo Cabral: “En aprender a vivir se nos va la vida”.
Escuché a un padre de familia de República Dominicana decir “lo primero que enseñé a mis hijos es aprender a cuidar la vida; a no dejarse matar”.
Explicaba que ante la elevada delincuencia que hay en dicho país, prefería aconsejar a los hijos que entregaran sin resistir lo que el ladrón de turno les estuviera pidiendo; sin arriesgar la vida ya que el dinero se puede ganar y perder pero hay una sola vida.
El segundo consejo tiene que ver con el respeto. El respeto es una de las formas más puras de amor. Aprendamos a respetar a los padres que nos dan todo, e incluso consejos dichos ante todo, con amor.
Frente a un consejo, cada hijo tiene la libertad de decidir; pero también tiene la responsabilidad de afrontar con honestidad/valor las consecuencias buenas y malas de dicha decisión.
Ser agradecidos es una forma de respeto. Comprender que no se trata solo de recibir sino también de dar; aportar con lo que modestamente cada uno pueda dar/apoyar en la casa (orden/limpieza, cocina/ayuda en cosas del hogar, etc.).
Dar cariño a los padres, es recibirlos/despedirlos con un saludo y una despedida cortes, disfrutarlos mientras todavía están con nosotros, con una conversación entretenida, educada y enriquecedora.
Padres: La mejor enseñanza es predicar con el ejemplo: sean puntuales, digan la verdad, trátense con respeto y amor, sean responsables de las decisiones que toman y del bienestar de su familia.
Hijos: Recuerden que la vida misma es pasajera. Cada decisión tendrá sus beneficios y costos. Vivan tratando de ser mejores cada día, busquen y encuentren oportunidades donde otros solo encuentran problemas.
Aprendan a vivir con dignidad, buen ejemplo y tranquilidad. Apóyense en familia, ayúdense entre hermanos y cuiden siempre de su cuerpo y vida.
Aprendan a respetarse a ustedes mismos; procuren evitar o por lo menos moderar los vicios asesinos y empobrecedores más antiguos de la humanidad: alcohol, tabaco, drogas, prostitución, y cualquier cosa que sabemos daña el cuerpo, espíritu, familia y bolsillo.
Quienes decidan vivir una vida con valores, encontrarán que sus acciones crearán valor familiar, espiritual y financiero, enriquecerán sus vidas, la de sus familias y de futuras generaciones.
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