“Alabado seas tú, mi Señor, por nuestra hermana madre tierra, que sustenta y nos rige y que produce diversos frutos con hierbas y flores de color” (San Francisco de Asís 1181-1226).
Hace dos años, Jorge Bergoglio sorprende a los fieles católicos por ser el primer papa en tomar el nombre de San Francisco de Asís. Ahora como un hijo fiel de San Francisco, el papa ha escrito una hermosa encíclica haciendo eco del amor del santo por la creación y por todas las criaturas que Dios ha hecho.
Se dirige, al principio, no solo a todos los católicos, sino a todas las personas del planeta. Es un llamado para una “conversión ecológica global” —y la palabra “conversión”—, es el mensaje central del papa. Él hace un llamado a toda la raza humana a examinar nuestras vidas y reconocer las formas en las que hemos perjudicado la creación de Dios a través de nuestras acciones y nuestra incapacidad para actuar. Necesitamos experimentar una conversión de corazón.
Es importante el énfasis en “la creación de Dios”. El papa dedica varias páginas para conectar la crisis ambiental a sus raíces filosóficas, el ateísmo y el relativismo de gran parte de la vida contemporánea. “¿No es la misma lógica relativista que justifica la compra de los órganos de los pobres para reventa o uso en experimentos, o eliminando a niños porque no son lo que sus padres querían?”
El relativismo está arraigado en una falta de ver la creación como testimonio de la existencia de Dios. El papa afirma con San Francisco y la Biblia que “a través de la grandeza y la belleza de las criaturas se llega a conocer, por analogía, a su creador” (Sab 13:5); de hecho, “su eterno poder y divinidad se han hecho conocidos a través de sus obras desde la creación del mundo” (Rom 1:20).
Si Dios es el creador del universo, entonces los delitos contra el medio ambiente son delitos contra Dios. Lamenta el papa Francisco: “La tierra, nuestro hogar, está empezando a parecerse más a un inmenso montón de inmundicia. En muchas partes del planeta, los ancianos lamentan que lo que una vez fueron hermosos paisajes, ahora están cubiertos de basura”. Estas son palabras oportunas, especialmente en este bello país donde tristemente tan a menudo vemos los bordes de la carretera cubiertos de basura.
Y otra vez el papa escribe: “Por nosotros, miles de especies ya no pueden dar gloria a Dios por su existencia, ni transmitir su mensaje a nosotros. No tenemos tal derecho”.
Pero el papa no se preocupa exclusivamente por animales. De hecho, él tiene palabras mordaces para el ambientalismo de moda de la clase secularizada dominante que preferiría salvar focas recién nacidas mientras permite el aborto e infanticidio. Por el contrario, le preocupa el impacto devastador de la degradación ambiental en los más pobres y más vulnerables del mundo. Además, para el papa Francisco, “un verdadero enfoque ecológico” debe por necesidad “oír el grito de la tierra y el grito de los pobres”.
Más que nada, nos pide buscar en nuestros corazones, recordar que somos hijos e hijas de un Dios viviente y debemos dar gracias por el hermano sol, la hermana luna y la madre tierra, de quienes vivimos y los cuales nos reflejan la gracia de un Dios generoso y amoroso.
El autor es Catedrático de Keiser University Campus Latinoamericano.