Gonzalo Cardenal M.

Lo más importante

Como se acercaba el fin del año escolar, pensé despedirme de nuestros próximos bachilleres, y visité las aulas de las diferentes secciones de los alumnos del 6º Año de Secundaria. En una de ellas, un joven me pidió que los aconsejara cómo enfrentar con éxito la nueva vida que les esperaba (muchos de ellos en universidades extranjeras, libres de la tutela directa de sus padres).

Me pidió que les dijera en una sola frase y de ser posible en una sola palabra, lo que consideraba era para mí lo más importante para esa nueva etapa de sus vidas. No encontré en ese momento una respuesta plenamente satisfactoria así de específica y entonces les dije que lo iba a meditar y orar sobre ello, y que en una semana les buscaría para darles mi respuesta.

Así lo hice y a la semana siguiente los visité de nuevo y les di mi recomendación —como querían— en una sola palabra. Les dije que lo que yo consideraba más importante era:
—La oración—
Como podrán imaginar, eso levantó un murmullo de desilusión y vi su decepción en muchos de sus rostros. Yo no me desanimé y les expliqué las razones que tuve para escoger ese consejo y les pregunté ¿Qué harían si tuvieran el papá más rico del mundo (y lo tenían porque “todo fue hecho por él y para él”). Si además él fuera todo poderoso (y lo era porque era Dios). Y si además, los amara con locura (con la locura de haber dado la vida por cada uno de ellos sin que nadie se lo pidiera). Y si además estuviera deseoso de entablar una relación cercana con ellos (la oración) para ayudarles en todo lo que necesitaran y que les conviniera recibir?

Les comencé a ver algo desconcertados con esa inesperada explicación, y eso me animó a continuar diciéndoles. ¿Y qué pensarían ustedes si le contestaran a su papá que lo sentían, que no iban a tener tiempo para él porque iban a estar muy ocupados en esa nueva vida de mucho estudio y también de mucha diversión para que no se les fundiera la mente?
—Silencio total—
Y seguí diciéndoles: ¿qué pensarían ustedes de los que le respondieran de esa manera? Y por un rato les seguí hablando de mi experiencia con Dios Padre, de su amor generoso hacia mi persona, no solo en las cosas importantes, sino hasta de las tan sin importancia que nunca me atreví a pedírselas pero que él, sin embargo, me las concedía…
Recuerdo que de repente ya no pude seguir hablándoles y abandoné apresuradamente el aula, porque en un momento dado, me encontré con que lo que les estaba diciendo me lo estaba predicando a mí mismo, y que —quizás— más que los muchachos yo estaba necesitando esa recomendación, esa conversión, porque sabiendo todas esas cosas no siempre le daba toda la atención que su amor merecía. Y la emoción me impidió seguirles hablando.

Un rato después, a la hora de salida del colegio, un grupo de esos muchachos, me llegó a ver a mi oficina y me contaron que se habían reunido y habían reconocido como un llamado del Señor lo que yo les dije y que hubieran hecho el peor error de sus vidas de haberlo ignorado.

Si por casualidad alguno de esos muchachos está leyendo, quisiera decirle que me encantaría que me escribiera contándome cómo le fue con mi consejo y que sería una gran alegría oír de él.

EL AUTOR ES COORDINADOR DE LA CIUDAD DE DIOS.

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COMENTARIOS

  1. jincho
    Hace 11 años

    Creo fue util y educativo en una Teologia basica

  2. El sonambulo
    Hace 11 años

    A veces pienso que el señor Cardenal, podría formar una sexta religiosa y bautizarla como «La Ciudad de Dios». Estoy seguro que en poco tiempo tendría más seguidores que todos esosa llamados «Reverendos» y aun su tocayo Cardenal Brenes » el suyo apellido y el otro, es un título que les da el Vaticano. Así que los dos son Cardenales, pero no pájaros.

    1. Alberto
      Hace 11 años

      Parece que tu comentario no viene a aportar nada, La Ciudad de Dios no es una secta, es una comunidad de Fieles Católicos. En tu confusión te quedaste, a quien hay que seguir es a Dios y esos Hombres que tu quieres despreciar son Hombres de Dios, por tal razón te digo que tus palabras son inútiles y no aportan nada porque estos Hombres de Dios no buscan ser seguidos sino ser herramientas de Dios a quien esperan que sigas en realidad…

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