LLAVES
Luis Alvarenga
Apagadas lámparas.
¿Quiere el ojo
un derroche de auroras?
Hasta la virgen prudente
malgastó el aceite.
De tus lágrimas, haz luz.
INTERRUPTOR
Luis Alvarenga
Lo que la mano olvidadiza busca
es cómo asir la lámpara.
Enciéndela cerrando los ojos,
prende la llama olvidando
y quédate aún cuando
el bullicio irrumpa.
TEJADO
Luis Alvarenga
Aviador que vas entre nubes bajas,
no pierdas la insomne
brújula que te corona
de rosas y espinas de los vientos.
En tu derrota, ¿sabes
distinguir entre quimeras
cuál es la austera luz
de la certeza?
Pues aquí se va entre nubes bajas
¡y es tan fácil evaporarse!
UN LUGAR QUE SÓLO YO SÉ
Luis Alvarenga
Me encuentras, como ahora,
queriendo asirme de una palabra
que flota por los aires.
Lo que cambia
es el musgo,
la vista necesitada.
Pero, como entonces,
sigo atesorando
esta vocación de luciérnaga
y de cantos del subsuelo.
Pero entonces no tenía
las ventanas de tu música,
ni la adicción a tu desnudez,
que me inoculaste para siempre.
No tenía la costumbre
de buscarte en tus cantos,
de invocarte con miel, con sueños.
No importa, entonces,
que la vida delire y no sepa;
sigo sin atender la gravedad
y acato los designios
de una cometa
que se libró de su cordel.
AHORA SÍ, EL JARDÍN
Luis Alvarenga
Creí que, en su sueño
bajo la tierra,
el verdor reposaba para siempre.
Jóvenes olivos saludan
mi descenso.
Veo la ascensión de la víspera.
Veo esos cuadernos
donde apareciste por vez primera.
Veo el encanto imposible
que me mantenía despierto,
timonel del alba y la noche,
queriendo avistar los poemas.
Sé que la noche.
Y que tanta edad.
Y que los derroteros.
Pero la tierra se humedece
y el verdor se conmueve.
Para siempre.
FONÓGRAFO
Luis Alvarenga
Invoco la música de la miel pasada.
Aparece la lenta
música del aire.
GUACALCHÍA EN EL TENDERO DONDE HABÍA UN JARDÍN
Luis Alvarenga
Y pensando, entonces,
en unos versos de Rafael
donde volaban los pájaros
de mi patria cenicienta,
y recordando, apenas,
los pocos nombres volantes que aprendí,
uní una lágrima
con un hilo perdido de luz
y me visitó un canto
que quería hurtar migajas.
Pero me ató a su vuelo.
EL OLVIDO
Luis Alvarenga
Han de ponerse como pacientes losas,
las capas del olvido:
al decidirnos por una melodía,
o en una letra trazada
con descuido.
Aquel desayuno está marchito.
¡Tanta labor
tuvo su éxito!
CASA
Luis Alvarenga
Se acerca alumbrando
como una luciérnaga.
La casa guarda historias,
noches entrelazadas, el despertar de un niño.
¡Y cuánto cuesta una casa!,
es decir,
cuánto cuesta errar por la tierra
sin un perro de ojos grises,
acostarse rodeados de desierto,
coloreados de horas,
hasta hallar un sitio para oler juntos una flor.
Te besé por primera vez.
Nuestra casa me habita desde entonces.
DONDE REPOSAR LA CABEZA
Luis Alvarenga
Loco, entonces,
de bogar por los países
interminables de la fiebre,
me sorprendo soñando
con tu cuerpo siempre inasible.
Como siempre,
hubo la palabra
que te escondía mal.
¡Eterno juego
de acarrear la piedra por colinas azules
y volverla a soltar!
PETICIÓN
Luis Alvarenga
Vino a decirme: “Felicidades, vas a ser abuelo”, para luego añadir: “Voy a casarme con ella”. No sé si lo eché de mi casa por ser tan pendejo o por preñar a esa babosa, precisamente, que tiene el apellido de mi mamá y viene del mismo pueblo de mi mamá, es decir, que hasta incestuosa es esa mierda. Pero en los pueblos todos son familia, así que quizás por eso este baboso me salió medio jugado. Lo que pasa es que esta babosa es hija de aquella maestra que mataron hace como dos meses con el marido, dizque para robarles la tienda, pero huevos, era por el hijo de ellos que no era ningún sencillo, guerrillero que por andar robando carros también se fue con Pancho. La vieja esta era también guerrillera, pero hace un revergo, de los guerrilleros del pueblo —hasta eso se sabía en los pueblos— que me volaron los helicópteros que yo había logrado conseguir para fumigar y levantarme del agüite y que los dejaron carbonizados y me dejaron en verga y hasta hipotecando la casa, porque los del seguro no cubrían atentados terroristas, los muy hijos de puta. Supe que era esa vieja la que se cagó en mí porque los tatas de ella vivían enfrente de donde mi mamá. Así que por todo eso le pido que me preste un par de días aquello que escondí en su patio. Solo un par de días.



