Si al seguir la ley, haciendo lo que no nos gusta y dejando de hacer lo que nos gusta, lo que podemos esperar es una conciencia más pura exigiéndonos cada día más santidad hasta exasperar a la carne que se rebela entonces cada día más, como lo muestra la vida de todos aquellos que en algún momento hemos querido santificarnos por el mero cumplimiento de la ley.
—Entonces, ¿dónde está la solución?—
Según los escritos de mi amigo Chale Mántica (y de muchos otros) y que yo concuerdo plenamente, “la única solución está en Cristo”. Y lo que Cristo nos propone es a la vez algo infinitamente más fácil e infinitamente más difícil que lo que acabamos de describir. Lo que Cristo nos dice es bien sencillo. Nos dice (en mis propias palabras) lo siguiente:
“Yo no he venido a atormentarte… Yo he venido a matarte. Eso lo han sabido todos los ascetas que ha tenido la Iglesia. Son ustedes los que no quieren entender. Tampoco me interesa que te mejorés. Lo que quiero es hacerte de nuevo. Se lo dije a Nicodemo y se lo expliqué a Pablo, pero no me hacen caso. No me interesa que vivás vos, si no vivir yo en vos. Pero creen que hablo en imágenes y no en serio. Yo no te quiero quitar un poco de tu tiempo o de tu dinero o de tus gustos, el tiempo y los reales me sobran. Te quiero a vos entero y no te tengo. Cuando te tenga te voy a dar un nuevo modo de ser: Mi modo de ser. Mi modo de pensar, sentir y actuar, entonces todo será fácil. Pero si no te morís te va a resultar muy duro seguirme. Yo te aseguro que mi yugo es suave y mi carga ligera. Escogé entre morir agobiado por el peso de una carga enorme o por tomar mi yugo. Si me dejás ser yo quien viva en vos, yo te haré el tipo de persona que puede cargar cualquier yugo y estaré además todos los días con vos hasta la consumación de los siglos, cargando el yugo con vos. ¿O es que has visto alguna vez una carreta con un solo buey uncido al yugo?”
¡Y esa es la clave! Y no hay otra. Ya sé que es casi imposible entregarle todo lo que somos a Dios. Todos nuestros deseos, inclinaciones, ambiciones sin precauciones ni reservas. Pero es mucho más fácil que lo que hemos estado tratando de hacer, que es seguir siendo nosotros mismos y al mismo tiempo querer ser buenos. Porque lo dice la Escritura: “Solo Dios es bueno”.
Queremos seguir siendo nosotros mismos aferrados a una mente y a una voluntad que cinco minutos después corre tras del dinero, la ambición, el placer y a la vez queremos ser buenos, castos, humildes, dadivosos y que sé yo cuántas cosas más. Eso es como querer ir a Cuba montados en un tren. Si no querés ir a Cuba, no vayás. Si te gusta el tren, quedate en el tren. Lo que no podés es ir a Cuba en tren.
Pues, vivir como cristiano también es imposible… si no sos como Cristo. Si somos como Cristo o vamos siendo cada día más como Cristo… La cosa más fácil del mundo.
Y concluye Chale diciéndonos: “Yo he dicho muchas veces que solo es difícil ser cristiano cuando no se es. Es decir cuando no se tiene el modo de ser de Cristo”.
EL AUTOR ES COORDINADOR DE LA CIUDAD DE DIOS.
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