Mensaje disperso y sepultado

Los sentidos no se ponen de acuerdo con el cuadrante y eso está bien a veces. Sé que deseas hacer el viaje de la lentitud pero es muy temprano para ello. El cuchillo está listo para la labor y también las plantas para regalar un poco de pureza, de todas maneras va ocurrir lo de siempre pero con un acento diferente.

Los sentidos no se ponen de acuerdo con el cuadrante y eso está bien a veces. Sé que deseas hacer el viaje de la lentitud pero es muy temprano para ello. El cuchillo está listo para la labor y también las plantas para regalar un poco de pureza, de todas maneras va ocurrir lo de siempre pero con un acento diferente.

Hay que introducir el arma en el lugar preciso, la mano está inquieta por tocar la cueva de las sensaciones. Los dedos se mueven para reabrir los espacios cerrados por la ausencia de caricias. El silencio y lo exótico con dos componentes de una gran explosión erótica.

La lejanía y el tiempo se introduce entre nosotros, sé que observas las bellezas de siempre, los libros y el cielo; mejor decir, la literatura y los recuerdos de aquellas imágenes que hacen humedecer la entrepierna y el alma. Están presentes las caminatas cerca de los ríos, las conversaciones llenas de ilusión y las risas capaces de desafiar el mundo. Vivo entre calles sucias, antiguas y sobrias.

La parroquia ocupa un lugar prominente en la mente de los habitantes, pero hay algunos que aún caminan al filo de los ideales. Aquí o se es muerto o se es invisible, soy de los segundos. El marcador de la vida no se detiene. El color de mi corazón cambia constantemente, el negro y el rojo visitan ese pequeño órgano con regularidad. Abrir o cerrar la puerta de vez en cuando está bien.

Hoy la abro para que entren todos los espíritus. Mensaje subliminal para las pequeñas esencias. La comida ocupa el lugar de siempre, recuerda la cercanía con el reino animal. La serpiente no necesita leer a Maquiavelo ni las ovejas unas líneas cándidas. Sus entrañas están tatuadas por grandes misterios. La velocidad es el ritmo de los avanzados, y la lentitud, la caricia de la guitarra. Encendido o apagado, así se muestran los sentidos entre la vulgar rutina. Rojo, morado, amarillo y verde, sacuden la tranquila mirada, y la fijan en un punto. Hacer danzar las cinturas entre el anonimato, vida segura.

La respiración es tan lenta como el ritmo de las cavernas. La acción sigue a la reacción, a la inversa, porque la sangre se quema como la pólvora mientras se vive la detonación.

Los viajes se pausan porque se conectan con los tiempos no lineales de lo Superior. ¡Que suenen las campanas de la libertad!, mientras alguien encuentra este mensaje sepultado en algún sitio de Guatemala o de Nicaragua.

www.carloscerdaescritor.com

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Cultura

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