Síndrome del taxi

Siempre que ocurre un percance o tragedia vial, es casi una regla fija que quien tuvo la responsabilidad del incidente, echa mano de ese recurso más gastado que una abandonada colilla de cigarrillo: el inefable y esperpéntico —dos contrasentidos a la vez— síndrome del taxi.

Siempre que ocurre un percance o tragedia vial, es casi una regla fija que quien tuvo la responsabilidad del incidente, echa mano de ese recurso más gastado que una abandonada colilla de cigarrillo: el inefable y esperpéntico —dos contrasentidos a la vez— síndrome del taxi, el cual típicamente es: “Un taxi me invadió carril”; “Yo venía bien, pero por no darle a un taxi que se me metió…”

Algunas variantes más creativas son: “Era un taxi negro”, o acaso, “Tenía placa de Managua, pero solamente pude leer la primera letra”. Otras tienen hasta ribetes cuasi literarios: “Le vi la cara y se le notaba que venía bien bolo”, o “Era un taxi sobrecargado con varias personas que iban gritando”; o “después hasta me sacó la mano e hizo aquel gesto obsceno con el dedo medio”.

Todas estas afirmaciones, por supuesto, no son más que lo que el ciudadano común denomina acertadamente “salidas de baño”; excusas e intentos fallidos de querer torcer la realidad ante lo evidente de la falta de precaución, imprudencia, temeridad, o bien, ausencia de normas efectivas de manejo defensivo de las empresas a quienes estos “timoneros” (no se les puede llamar conductores en el sentido estricto del término) representan o para el individuo a quien les laboran.

La improvisación, así como su mal inevitable, la imprevisión, son invitados forzados en estas lamentables escenas, que causan pérdidas de vidas, así como daños materiales y al medioambiente.

Dialécticamente aquí existen dos fuerzas opuestas. La primera, que es la obligación legal y de proporcionar una capacitación adecuada, formal, y no improvisada, en temas de manejo defensivo, sino también en aspectos éticos sobre la exigencia moral de proteger también a los demás.

La segunda fuerza —diametralmente opuesta— está el sentido de la maximización del lucro, o las utilidades, que frecuentemente, hace que los propietarios de las empresas perciban que cualquier inversión en formación profesional, es un triste gasto, que le alejará del objetivo primario, y tan amado, de producir mayores y crecientes utilidades, con los mismos recursos, a pesar que este sea un modelo no sostenible.

La organización que se enfrenta a un incidente trágico, en cualquiera de sus expresiones, siempre experimenta dos fallas legítimas: una el percance mismo, y otra, el impacto grave a su reputación como agente o ciudadano corporativo responsable.

Es justo afirmar que ningún chofer quiere tener una situación de este tipo, que probablemente cuando guían sus vehículos pesados lo hacen a lo mejor de sus habilidades relativas, lo cual no quiere decir necesariamente, que estas sean óptimas o hayan sido ya perfeccionadas, sino que se usan en su estado original (generalmente arrastrando hábitos cuestionables, prácticas inadecuadas, o sentido de urgencia sin una mínima reflexión) y que esto implica hacerlo en forma peligrosamente espontánea.

Hay oficios cuyo nivel objetivo de desempeño debe ser sometido a un continuo análisis de riesgos; peligros y consecuencias de un escenario podrían no han sido valorados adecuadamente, fundamentos para normar el nivel de exigencia y formación como imperativos de negocio.

El conductor profesional debidamente formado, quien practica llaves de manejo defensivo, y que evita los comportamientos riesgosos, sabe cuáles maniobras debe realizar ante las seguras acciones imprudentes de los demás actores de la vía, así como de las naturales circunstancias imprevistas.

Con esta precondición, se reduce la probabilidad de tener una tragedia vial; al estar más que preparado mental y físicamente para hacerle frente a esa mítica y tragicómica argucia, del supuesto taxi —o vehículo misterioso que se convierte ridículamente en el chivo expiatorio de su propia impericia, lo cual es, evidentemente, una masturbación mental más. *www.noalosaccidentes.wordpress.com

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