Muchos nicaragüenses, igual que yo, sospechamos que el atraso en llevar a juicio a los policías responsables por la masacre de la familia Reyes Ramírez, era una táctica dilatoria para protegerlos.
Aunque no lo dijeron, haciendo conjeturas, creo que el atraso preliminar fue porque los policías estaban en una escuela de actuación para presentarse al casting en el juicio. Lo digo porque el guion fue el mismo: primero, justificarse diciendo que no fue intencional, que ninguno de ellos quiso causar daño a nadie. Después, aceptando su culpabilidad y la acusación hecha por la Fiscalía que tipificó los hechos como delitos de homicidio y lesiones imprudentes, de exposición de personas al peligro y daños. Y finalmente, pidiendo perdón a la familia afectada. Todos volvieron a insistir que no fue a propósito. Si lo que dijeron aprendido de memoria fuese cierto, que no tenían intención de lastimar a nadie… ¡que Dios nos libre a todos, el día que las tengan!
El problema con la trama montada al mejor estilo hollywoodense por el Gobierno, la Policía y el poder judicial de Nicaragua en el caso del juicio de la masacre de Las Jagüitas, es que no se trata de una película o de una obra de teatro, sino de un hecho de la vida real donde mataron a personas inocentes de manera dolosa. No hay argumento fabricado a la medida de los victimarios que pueda esconder la verdad. El mamotreto de juicio fue un insulto a la familia doliente, donde los acusados ya tenían en sus manos el salvoconducto para burlar la justicia.
Indigna y da vergüenza ver el teatro burlesco que tuvieron que soportar la sobreviviente Yelka Ramírez y su familia. Todos los apañadores, actrices y actores, encargados del libreto y ejecución de este juicio injusto y amañado, empezando por los victimarios que no tuvieron la entereza de aceptar lo que hicieron y reconocer que algunos mataron con saña y alevosía, tienen bien merecido el calificativo de: “Desgraciados”, como los llamó la señora Yelka Ramírez.
Del elenco de actores originales, solamente nueve asistieron al casting y fueron designados durante la audición como los protagonistas. Las verdaderas estrellas de la obra prefirieron el anonimato, evadiendo los reflectores y ocultando sus rostros tras sus máscaras predilectas: cristianas, socialistas y solidarias.
Los abogados Carlos Alemán y Sobeyda Manzanares, defensores de las víctimas, desde la primera audiencia pidieron a la doctora Alia Dominga Ampié, juez Cuarto Local Penal, que se excusase de ventilar la causa y se trasladara el juicio a un juzgado de distrito, pues por la gravedad de los hechos, era competencia de un juez de Distrito y no de uno Local. Petición que fue ignorada. El 29 de julio la doctora Ampié dictó una sentencia donde los victimarios recibieron penas de prisión que van de once a dos años. Nadie se sorprendió por el dictamen pues fue un juicio lleno de contradicciones, irregularidades y tipificación arbitraria del delito.
La lección de dignidad que nos ha dado a los nicaragüenses la familia Reyes Ramírez, al no asistir a la lectura de la sentencia, será una nueva bandera que ondeará en defensa de la justicia. El precio que han pagado ha sido inmensamente doloroso, pero la sangre de los inocentes derramada será como un río caudaloso y purificador que arrastrará todo lo malo hasta eliminarlo, para que puedan germinar las semillas del sacrificio.
Vendrá el tiempo cuando el pueblo nicaragüense se una en busca de justicia y la justicia divina se encargue del verdadero juicio. Entonces la paz llegará a los corazones de la familia Reyes Ramírez y de todos los que anhelamos un futuro mejor para nuestros hijos.
La autora es tecnóloga médica.
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