Muchos nicaragüenses no somos máster en Ciencias Políticas, no obstante, no necesitamos serlo para respondernos la pregunta: si en nuestra patria estamos viviendo una dictadura o terrorismo de Estado. En tal sentido, para facilitar la comprensión al lector sugiero lea dichos conceptos en Wikipedia, donde encontraremos que dictadura es: “Forma de gobierno en la cual el poder se concentra en torno a la figura de un solo individuo (dictador) o élite, generalmente a través de la consolidación de un gobierno de facto, que se caracteriza por una ausencia de división de poderes, una propensión a ejercitar arbitrariamente el mando en beneficio de la minoría que la apoya, la independencia del gobierno respecto a la presencia o no de consentimiento por parte de cualquiera de los gobernados, y la imposibilidad de que a través de un procedimiento institucionalizado la oposición llegue al poder —léase Consejo Supremo Electoral (CSE) secuestrado—”. ¡Eureka!
Empero, en los últimos meses se han cometido crasos “errores policiales”, entre ellos, suicidio con camisa mangas largas de un procesado que según familiares nunca usaba ese tipo de camisa, reos bañados con químicos, ciudadanos eliminados a balazos por policías que le daban persecución, la trágica eliminación de varios miembros de una familia trabajadora por un operativo de agentes antinarcóticos en Las Jagüitas, vapuleada al diputado Augusto Valle solo por participar decididamente en el plantón frente al CSE donde se hacen justas demandas electorales de la ciudadanía. En tal sentido Wikipedia dice que terrorismo de Estado consiste: “En la utilización de métodos ilegítimos por parte de un gobierno orientados a inducir miedo o terror en la población civil para alcanzar sus objetivos o fomentar comportamientos que no se producirían por sí mismos”… Vale resaltar que ambas forma de sometimiento se hacen estratégicamente para institucionalizar la cultura del miedo.
Pero independiente de discusiones conceptuales, debemos tomar conciencia de que los nicaragüenses somos hechos de vigor y gloria, que no tenemos miedo. Eso sí, la lucha es cívica y organizados mediante una votación masiva juntos podemos impedir civilizadamente que Nicaragua llegue al despeñadero. No debemos distraernos de lo verdaderamente importante que es recuperar la democracia, la libertad y la institucionalidad.
Si queremos vivir en democracia, debemos participar activamente todos los miércoles de protesta, se hagan estas frente al CSE, la Asamblea Nacional, o la casa del pueblo presidente hoy craso comandante. Hagámoslo con visión de nación, hasta que logremos que el dictador renuncie a sus ambiciones desmedidas de poder y entre en razón. La historia patria y las dos últimas elecciones nos indican el camino para un futuro mejor: es salir a votar, defender el voto, unirnos sin bandera partidaria, que sea el azul y blanco que nos mantenga unidos. Es hora de hacer patria, de renunciar al oportunismo partidario, porque antes de ser PLI, PLC, MDN, somos nicaragüenses. Recordemos las desgracias de los años ochenta por que esto puede volver si no dejamos a un lado la ceguera que provocan los odios, envidias y vanidades. ¡Nos unimos o nos hundimos!
La lucha por las demandas electorales es inclaudicable, porque ellas son la solución civilizada y democrática para recuperar la soberanía nacional, nuestra libertades, nuestros Derechos Humanos, la institucionalidad, salario digno y seguridad jurídica para tirios y troyanos, moros y cristianos, donde el himno nacional sea verbo para todos los nicaragüenses y nunca más solo un adorno en los falaces megarrótulos que el craso dictador manda a hacer por docena, pagándolos con dinero del presupuesto general de nuestra nación.
El autor es miembro ad honórem del Movimiento Democrático Nicaragüense (MDN).