José Antonio Zarraluqui

Querer para que nos quieran

Nadie discute del presidente Barack Obama su buena figura, ágil, esbelta, elegante, ni esa sonrisa que desarma cuando no encanta, ni sus modales, de ordinario gentil. Sí le afea cierta propensión a las reverencias pues cuando mínimas quedan bien, pero cuando exageradas desdicen la tradición norteamericana.

Los Estados Unidos tienen en mucho no rendir pleitesía a ningún monarca o dictador y Obama se ha inclinado hasta ante políticos del patio como la speaker de la Cámara o el alcalde de Tampa y ante niños en Mumbai, el mandatario mexicano Felipe Calderón, el emperador japonés Akihito, la reina británica Elizabeth y, en 2009 y Londres, ante el rey saudí Abdulá, pero tanto y tanto que casi se despatarra. Viendo el vídeo es imposible no recordar el tropezón y caída volandera en octubre de 2004 de Fidel Castro al terminar un discurso.

Por cierto, tampoco se puede olvidar la muestra de coraje que a seguidas dio el compañero comandante en jefe. Con una rodilla hecha cisco y un codo más de lo mismo era preciso operarlo de urgencia, pero no solo no permitió que lo anestesiaran, sino que dirigió el procedimiento pues son universalmente conocidos los saberes médicos del líder cubano.

“¡Empata ahí! ¡Otra transfusión! ¡Esa astilla arráncala, que ya no sirve para nada!” Y así por el estilo. Es terrible temer que los propios galenos de uno le pasen la cuenta mientras está anestesiado. Pero una cosa es accidentarse o inclinarse poco o mucho en ceremonias diplomáticas y otra postrarse ante patanes, que es lo que ha hecho Obama en el caso de Cuba, Vietnam e Irán, respectivamente con el reconocimiento diplomático a los terroristas caribeños, la extensión al país indochino del tratado de libre comercio transpacífico que se negocia y el acuerdo sobre armas nucleares con Irán que elimina las sanciones y los activos congelados a los ayatolás.

Las concesiones de Obama a la mafia cubana ya explicó él mismo que eran unilaterales y que no esperaba siquiera que mejoraran las condiciones de vida de los isleños. Las concesiones a los criminales herederos del tío Ho, igualmente injustificadas porque al pueblo allí lo tratan “como a animales”, desasosegaron a la colonia exiliada vietnamita y fue corriendo Ted Osius, embajador yanqui en Vietnam, al condado de Orange en California a explicarle a la mayor concentración vietnamita que, bueno, de momento no se vería ningún cambio, pero que la mayoría del pueblo en la península quería mejores relaciones con Estados Unidos y, en todo caso, había que estar presente a ver si pasaba algo.

El tratado con Irán es más inicuo todavía ya que, aparte de garantizar en la práctica que el terrorismo chiíta continúe con su programa nuclear y coheteril, sin inspecciones inoportunas, se firmó en un clima de marchas contra “el Gran Satán e Israel”, quema de banderas norteamericanas y promesas de que una vez en posesión de los cientos de miles de millones congelados harán con ellos lo que les dé la gana.

Ya admitió Susan Rice, la asesora de seguridad nacional, que sin duda parte de esos fondos se emplearán en armamento moderno y parte en el incremento de actividades terroristas. En adición, el tratado contiene cláusulas secretas. ¿Qué originan estas no reverencias intrascendentes, sino genuflexiones pecables? Para algunos es que Obama ama en secreto la poesía y sigue de cerca a Pedro Salinas, quien en Razón de amor propugnaba: “Lo que queremos nos quiere / aunque no quiera querernos. / Nos dice que no y que no, / pero hay que seguir queriéndolo: / porque él no tiene un revés, / quien lo dice no lo sabe, / y siguiendo en el querer / los dos se lo encontraremos” [hasta que el querer sienta] “asombrado / que ganó lo que quería, / que le quieren sin querer, / a fuerza de estar queriendo”.

Me quedo con esta explicación. Porque la única otra posible sería admitir que, como repiten por ahí cada vez más, Obama es el candidato de la Manchuria instalado en la Casa Blanca para destruir a los Estados Unidos. Y semejante idea es tan espeluznante y tan descabellada que ni siquiera me atrevo a considerarla. ©FIRMAS PRESS

El autor es Analista político.

COMENTARIOS

  1. nicasio
    Hace 11 años

    Me parece que el comentarista de marras se alimenta de las mimas fuentes informativas y de comentarios que los Arellanos, Montaner, etc. y otros que solamente ven FOX y los comentaristas al estilo Limbaugh. Y eso de las reverencias, por favor, señor comentarista, madure.

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