La respuesta a esta interrogante es no, hay solución y está clara, aunque no es fácil lograrla, por cuanto desafortunadamente hay demasiados intereses creados que vencer. El sistema educativo en Nicaragua tiene múltiples problemas estructurales, promueve antivalores como la competencia, discriminación, métodos de recompensa o castigo, violencia emocional, la desconfianza, el consumismo y la insensibilidad, inequidad, separa la educación en clases y castas, fomenta la disciplina y la obediencia a regímenes autoritarios.
Las políticas educativas orientadas desde el gobierno, buscan hacer que los jóvenes piensen menos o que no piensen del todo, manipulan la educación de manera partidaria fomentando el “dogma, el fanatismo y servilismo” aún peor el fanatismo político, preparan un pueblo dócil, obediente que puedan manipular acorde a sus intereses. El sistema educativo está aislado de la realidad nacional y de los medios de producción, somos un país que educa personas para tener empleos de baja productividad y de poca calificación. La única educación que se mira viable es la técnica educativa vocacional, pues en un país subdesarrollado como el nuestro, la mayor cantidad de empleos radica en el sector técnico y no de educación superior. Se necesita un desarrollo industrial en Nicaragua que exija profesionales de alta especialización, ya que aún mejorando la calidad de la educación no exigirá, ni requerirá la mano de obra especializada.
Por otro lado no existe libertad de enseñanza, sino que el sistema educativo es una empresa privada que forma trabajadores y una cultura para conservar el statu quo. La educación no son simples números o cifras, ya que la medición no define la capacidad del individuo, la educación es el territorio donde el aprendizaje sucede, siendo la capacidad el resultado del conocimiento más la experiencia por la disposición. Por lo tanto tenemos una sociedad que no tiene buena educación y un sistema económico que tampoco la exige, ni crea oportunidades para implementarla.
También vemos la tolerancia del subaprendizaje y la mediocridad desde el nivel primario hasta el superior, la exigencia de materias y asignaciones inutilizables en el campo del desarrollo económico y social. Existe la falta de oportunidades para acceder a un empleo que exija profesionales con un nivel educativo superior.
Los desafíos de la juventud frente a la vida y al trabajo consisten principalmente en promover una educación libre y de buenas costumbres, creadora de consciencia, que persiga una buena calidad de vida que oriente al desarrollo ciudadano y de la comunidad, que se apropie de sus derechos políticos, económicos, sociales y culturales, donde la ética sea el eje principal.
La tecnología debería ocupar un papel trascendental en las aulas de clases, ya que permite la adquisición del conocimiento de forma simple y rápida, lo cual constituye una herramienta indispensable para el desarrollo intelectual, tanto para la comunicación y las diversas oportunidades de educación virtual a distancia, como poder compartir experiencias con individuos en distintos países, hasta vencer barreras de tiempo y espacio.
El deseo de superación es uno de los factores importantes que motivan a la juventud a permanecer estudiando en búsqueda de un mejor estilo de vida. También la búsqueda de un título profesional, la adquisición del conocimiento para salir de la ignorancia y poder cubrir sus necesidades.
Las causas que hacen que la juventud abandone sus estudios principalmente consiste en la falta de dinero para acceder a una mejor educación y sufragar sus gastos, el desinterés, la falta de amor a sus estudios, un estado de conformismo ante su realidad actual, la falta de supervisión y acompañamiento de los padres de familia, un sistema educativo con poco acceso y cobertura escolar, falta de condiciones estructurales en los centros de educación primaria y secundarias.
El autor es del Movimiento Intergeneracional Progresista.