Credencial única para alcanzar la amistad de Darío: Ser poeta.
En 1892 Darío viaja a España como secretario de la Delegación de Nicaragua a los festejos del cuarto centenario del Descubrimiento de América. Conoce personalmente a don José Zorrilla “viejo y pobre” a Gaspar Núñez de Arce, a don Ramón de Campoamor en la propia casa de este, quien le hace leer la décima que Darío le dedicara. Capricho de viejo lindo y jovial. Los tres tuvieron influencia en la primera juventud del poeta.
Para Darío la condición económica, social, religiosa o política no tenía importancia, sin prejuicios de escuela, el poeta era amigo. Lo mismo distinguió al aristócrata don Antonio de Zayas que al pobrísimo y doliente Alejandro Zawa, poeta suicida de quien Valle Inclán escribe a Darío: “Tuvo un final de rey de tragedia. Loco, ciego y furioso”. Como el rey Luis de Baviera, digo yo.
Ese mismo año 1892, Valera escribe a Menéndez y Pelayo: “Darío es natural y espontáneo, aunque primoroso y como cincelado. Es un muchacho de 24 a 25 años, de suerte que yo espero de él mucho más. Y me lisonjeo de pensar como yo cuando lea con atención o bien oiga lo que escribe este poeta en prosa o en verso. Y no me ciega ni me seduce su facha, que no es todo lo buena que podría ser, ni su fácil palabra porque es encogido y silencioso (pg. 143- Este otro Rubén Darío . Oliver Belmas).
Para Rubén Darío la condición económica, social, religiosa o política no tenía importancia. Sin prejuicios de escuela, el poeta era amigo. Lo mismo distinguió al aristócrata don Antonio de Zayas que al pobrísimo y doliente Alejandro Zawa, poeta suicida de quien Valle Inclán escribe a Darío: “Tuvo un final de rey de tragedia. Loco, ciego y furioso”. Como el rey Luis de Baviera, digo yo.
Primero y verdadero amigo español de Rubén es Salvador Rueda. Gran poeta. Acoge desde 1892 lo que sería el Movimiento Modernista, dice de Darío: “Divino visionario, maestro de la rima, músico triunfal del idioma”.
En 1889 Darío radica en España. Ha publicado Los Raros y Prosas Profanas en Buenos Aires 1895-1896. En América y en España es aceptada con entusiasmo su revolución poética o rechazada con ardor y hasta con grosera indignación.
Gran amigo es don Ramón del Valle Inclán el escritor gallego que en sus Sonatas introduce en España la más bella prosa modernista. En compañía de Valle Inclán visita Darío los jardines de La Casa de Campo en Madrid donde conoce a Francisca Sánchez, hija del jardinero de la mansión real; Francisca obsequia flores a ambos caballeros. Contacto que Darío no abandonaría nunca más.
Íntimo de Darío fue el poeta Francisco Villaespesa. Los hermanos Manuel y Antonio Machado, grandes poetas y sinceros amigos hasta la muerte. La elegía de Antonio Machado a la muerte de Darío es de antología. Ambos hermanos se acogen al Modernismo. A principios de 1900 traba amistad honda con Juan Ramón Jiménez. En 1904 Darío escribe a Jiménez: “Después de tantas decepciones solo me queda usted; y tres seres a quien querer”, decepcionado de tantos aduladores y traidores. Jiménez escribe: “Usted es el único gran poeta que hay actualmente en España” (Epistolario Museo Archivo Dariano, Pgs. 178-79 Oliver Belmas). Juan y Jenaro Cavastany amigos y defensores de Darío. Los hermanos Joaquín y Serafín Álvarez Quintero que escribían en colaboración también fueron amistosos con Darío.
Los desvíos de don Miguel de Unamuno hirieron a Darío que deseó su aprobación, solo que don Miguel era un académico aferrado a las viejas formas tradicionales y clásicas. Repudiaba por no entender versos tan sutiles como “el ala aleve del leve abanico” tozudez del clásico inmóvil. Por otra parte tenía Unamuno hasta prejuicios raciales pues dijo que “bajo el sombrero de Darío asomaban las plumas”. Solo cuando Darío muere reza un mea-culpa, confesando, aunque tarde, que Darío era “bueno, bueno ”.
Fue amigo Darío de escultores y pintores a los que visitaba en sus talleres, elogiaba y juzgaba sus habilidades y talentos como verdadero curador de artes plásticas. Por su gran sensibilidad multifacética pudo ser Darío músico, escultor o pintor. Quizá sentía más cercanos a los artistas plásticos por silenciosos, que a los poetas. Además aquellos no le pedían que prologara sus obras.
Amigo de Santiago Rusiñol, escritor, escultor y pintor. El Modernismo que abarca y convierte en poesía todas las artes, donde Darío es rey y comandante, un poco después descrito por el padre Azarías Pallais en sus inmortales pareados: “Soy músico y poeta, pero más soy pintor-por eso es que yo pinto paisajes con primor”.
Casi todos los poetas y escritores españoles y americanos solicitaban a Darío un prólogo para sus libros. Darío era generoso, aunque precavido con los peticionarios, ya que un elogio suyo significaba una consagración y él sabía y evitaba esos adelantos extemporáneos por honradez y por buen gusto. Las amistades con los poetas hispanoamericanos serán capítulo aparte.
La autora es maestra, ex directora del inc.
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