La violencia en la familia, es un mal generalizado en nuestra sociedad, que llega al extremo de crímenes atroces entre parientes cercanos. La violencia es un lugar común en los hogares de los nicaragüenses, lo mismo la violencia física, que los gritos, insultos, portazos, palabras soeces. El poema de Darío Los Motivos del Lobo , parece describir la vida de muchos hogares, cuando el animal expresa a Francisco de Asís: “Mas empecé a ver que en todas las casas / estaban la Envidia, la Saña, la Ira / y en todos los rostros ardían las brasas/ de odio, de lujuria, de infamia y mentira. / Hermanos a hermanos hacían la guerra, / perdían los débiles, ganaban los malos, / hembra y macho eran como perro y perra”.
Es difícil explicar cómo y por qué las palabras dulces y comprensivas de los enamorados, se transforman en expresiones y actos agresivos, cuando llegan a formar un hogar, en vez de ser lo contrario, de constituir un motivo para ser más dulces, atentos y cariñosos con el ser querido. ¿Por qué tanta discusión diaria, tantos altercados por cualquier cosa, ¿por qué hacer del hogar un verdadero infierno?
Se atribuye la violencia en el hogar, a problemas económicos y de trabajo, siendo que estos problemas deberían ser el eslabón que acerque a la pareja para enfrentar unidos las dificultades. Convivir es compartir, compartir lo bueno y lo malo, la prosperidad y el infortunio, las alegrías y las penas.
Si los padres percibieran el dolor y la angustia que sufren los niños y niñas, al presenciar las peleas a campo abierto de sus padres, evitarían este triste y doloroso espectáculo para el alma infantil, más aún cuando constituye la lección diaria de conducta, con la que el niño construye su personalidad.
El ejemplo de los padres, es la matriz con que se forma el carácter de la niña y el niño. La violencia en el hogar pasa a ser el modelo de conducta que los hijos y las hijas van a repetir cuando ellos integren sus propios hogares; y la violencia seguirá copiándose de generación en generación, hasta que seamos capaces de construir nuevos patrones de conducta en las relaciones familiares.
Construir nuevas relaciones en la familia, es revivir el amor que un día existió en la pareja, para que ese amor irradie en los hijos, lecciones de aliento, consideración, respeto y esperanzas.
Desde antes de aprender a hablar, el niño es sensible a los gritos y a las palabras cariñosas, a los gestos faciales dulces y a las expresiones amargadas de quienes lo rodean.
Si queremos desterrar la violencia social, debemos cultivar el amor en el hogar. El amor es tan importante para el desarrollo humano como el agua para las plantas. Amar es dar lo mejor de sí mismo. Es dar apoyo, dar alegría, dar felicidad. “Tener amor es saber soportar; es ser bondadoso; es no tener envidia, ni ser presumido, ni orgulloso, ni grosero, ni egoísta; es no enojarse ni guardar rencor; es no alegrarse de las injusticias, sino de la verdad (I Corintios, Cap. 13: 4-6).
Convivir y educar con amor es el gran desafío que la familia debe enfrentar si queremos una sociedad mejor, libre de violencia.
Es por eso que valoramos con profunda admiración, respeto y cariño, la exhortación del papa Francisco a priorizar el amor en la familia. La familia como, lo expresa el papa, es la “gran riqueza social” que debemos cultivar, para bien de la humanidad.
El autor es psicólogo, Doctor Honoris Causa de la UNAN-Managua y Orden Mariano Fiallos Gil, del Consejo Nacional de Universidades.
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