Durante dos ocasiones disfruté la placidez de comprobar el auge creciente de Taiwán. Invitado por el gobierno de esa pequeña gran fortaleza del continente asiático fue fácilmente visible durante la primera visita en la primavera del 2000 cómo la isla recibe la consagración de las aguas que la circundan. Tuve la oportunidad de intercambiar inquietudes con el presidente de ese entonces, Lee Tem Hui. El presidente fue un culto exponente de la extroversión y del orgullo de sentirse un chino solazado por la cultura. La pregunta en la búsqueda de la respuesta ideal fue “cajonera”: ¿Señor cómo ha logrado Taiwán el desarrollo que tiene? “Se lo puedo explicar con tres palabras sin agregar ninguna más: Primero educación, segundo educación, tercero educación”. No pude añadir a la categórica posición ninguna aclaración. Desde aquel momento quedó fijada con estabilidad irrebatible la necesidad de poner en la educación como la suma de todos los factores para lograr el avance pleno, integral.
Situándonos en el patio regional ha trascendido la publicación reiterada por el doctor Francisco López, presidente de la Federación Nacional de universidades privadas, la publicación de un estudio sobre la educación superior privada en América Latina elaborado por Guadalupe Olivier, de la UNAM de México. A partir del año noventa —siglo pasado— se produjo un notable incremento de las universidades de este tipo en el continente, sin desestimar el arraigo paralelo que han tenido las que tienen rostro público. La difusión había vegetado en un silencio acaso discreto, pues ninguna institución se había ocupado de hacer una investigación exhaustiva sobre el estado de progreso de dichas entidades a las cuales sin ningún sigilo con la holgura de la suspicacia se les ha visto como una fuente de negocios en detrimento de los estudiantes de escasos recursos. El mismo estudio señala que en 1994, América Latina contaba con 7,544 estudiantes matriculados con ascenso de 13,851 en 2003. Yendo al caso particular de Nicaragua puesta en el mapa de la proporcionalidad el crecimiento corre paralelo con la densidad evaluada en el estudio. Desde ese noventa la curva ha sido ascendente en el sector que se bachilleraba sin ninguna posibilidad de escalar las cumbres de la educación superior.
Se debe poner todo el afán de participar progresivamente en el plan de la educación nacional enriqueciendo a la primaria y la secundaria, llevando como objetivo esencial la calidad de la educación en cuya solidez nacen las esperanzas con la meta de concretarse en realidades plenas. Dentro de las conquistas críticas se ha instituido el sistema de la autoevaluación como un procedimiento autoexaminador que sea legítima y sincera valoración tanto de los aciertos como los de los errores en el sabio equilibrio.
Deben permanecer abiertas las puertas para que por ellas entren los sectores marginados que estando en capacidad de ingresar a las aulas académicas no pueden ser beneficiarios de la beca merecida, ganada con el culto de la útil y vocacional perseverancia, elementos ajenos al ocio infructuoso de ser tentados por las promociones políticas muchas de las cuales por estar la juventud en mayoría son atraídos por el empeño de distraerlos en actividades alejadas de la función estudiosa. A través del estudio enfocado en el sector privado se conoce que se mantiene y se arraiga este programa. Primaria, secundaria y universidades en concomitancia con la prioridad de la educación.
El autor es periodista.
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