Hoy quiero dedicar este espacio a un niño llamado Ángel Ariel Escalante Pérez, a quien nunca tuve el honor de conocer pero que con su ejemplo nos deja una gran enseñanza, esas que no se ven todos los días, donde los principios, la valentía y el coraje se unieron para enseñarnos a todos que no hay edad para demostrar amor y respeto a la vida del prójimo, al punto de dar la propia.
Este niño de 12 años de edad fue secuestrado por una mara (pandilla) en ciudad Guatemala, cuando iba de la escuela a su casa, la madre reportó a la policía su desaparición. Esta pandilla le dijo que tenía que dispararle al conductor de un bus de servicio público o lo matarían, coincidentemente el padre de Ángel, el señor Luis Escalante, es también conductor de bus. Ángel aún consciente cuando fue rescatado del fondo del barranco donde unos árboles le sirvieron de amortiguador, con múltiples traumas, le informó al cruzrojista que le ofrecieron morir descuartizado por machete o que lo lanzarían al vacío en el puente Incienso, uno de los más largos y altos de Guatemala. Él escogió que lo lanzaran al vacío antes de matar al chofer del bus.
Se ha visto cada día con mayor frecuencia la incorporación de menores de edad a las pandillas o mara para que sean utilizados como pistoleros o gatilleros, este fenómeno es cada vez más frecuente en las pandillas latinoamericanas. Lamentablemente debido a la falta de educación, de seguridad pública y a la dependencia de drogas, muchos de estos niños entran a estas pandillas sin derecho a decir no.
La pregunta que nos debemos de hacer todos es qué haría uno en su caso, estando claro que si no cumplís con lo que la pandilla te exige te matarán sin otra opción, es un dilema ético, escoger entre dos males, con la diferencia que uno de ellos es acabar con tu vida, definitivamente la decisión que tomo Ángel siendo la correcta es una decisión muy difícil, requiere tener principios desde niños bien fundados de respeto a la vida, coraje, seguridad y solidaridad, y podría seguir con una lista interminable de cualidades, recordando que el mayor acto de amor lo demuestra aquel que da la vida por otro ser humano.
Este hecho de heroísmo consumado por Ángel Ariel, contradice los muchos actos violentos realizados por jóvenes en otras partes del mundo. Para ejemplo tenemos los recientes ajusticiamientos en Siria de 25 soldados a manos de jóvenes menores de edad o los asesinatos masivos ejecutados por jóvenes en escuelas en diferentes partes del mundo. Por lo tanto en el acto de Ángel Ariel encontramos esperanza en que la juventud puede hacer cambios para un mundo mejor si le inculcamos principios como los que se le inculcaron a este niño.
Las preguntas de siempre y los estados que dirigen nuestros países dónde están, dónde está ese principio constitucional que se lee en todas las Constituciones de América, “el derecho a la vida es inviolable y el Estado garantiza y protege la vida humana ”, qué medidas se toman para prevenir el crecimiento de pandillas como las maras, cuánto del presupuesto nacional de nuestros países se dedica a prevenir dando educación en nuestras escuelas, abordando los grupos en riesgo y mejorando las infraestructuras de las ciudades y pueblos para que los jóvenes tengan distracciones sanas, todo eso y más deberían de ser prioridad en nuestros países.
Pero para Ángel Ariel ya es tarde, él perdió lo más valioso, su vida, y esto no es culpa solo de los ejecutores, es culpa de todos los que no hemos hecho lo suficiente en los diferentes países para prevenir estas situaciones. El arzobispo de Guatemala el padre Oscar Vián, dijo: “Es un héroe para nuestra Guatemala, que ha sabido defender sus principios ”
Los héroes y mártires no se lloran, se imitan, pero en el caso de Ángel Ariel también se lloran.
El autor es cirujano pediatra
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