En un periódico local leí con sorpresa una entrevista que se le hizo a un médico afamado en Nicaragua.
El galeno al describir su experiencia, trajo a mi mente el mal recuerdo de la pésima costumbre en Nicaragua de inventarse la fama, los títulos, las condecoraciones y quién sabe cuántas cosas más.
Es por esta magia tropical que de la noche a la mañana aparecen en Nicaragua poetas, profesores y profesionales sin serlo y que nuestra sociedad se traga de lo más tranquila.
En León donde viví hace tiempo, conocí ingenieros, licenciados y bachilleres que con costo habían terminado la primaria. Todo el mundo se refería a ellos con una sonrisa güegüense y la mayor normalidad del mundo con estos epígrafes. La persona bautizada con el falso marbete, se lo creía sin el más mínimo rubor aún sabiendo lo lejos que estaba de él.
Y no estoy hablando solo de analfabetos. Hay personas que se dicen cultas, escriben en periódicos y se autocalifican como doctores, cuando con dificultad ostentan un título de licenciado. Sobre calificarse lo he visto en ministros, diputados, rectores y hasta presidentes.
El médico que menciono al comienzo de mi historia, sinvergüenzamente se designa con subespecialidades que obviamente carece de ellas. Una subespecialidad en un país avanzado no se obtiene visitando un hospital por unos cuantos meses.
Estos abundan y nadie los controla, aún sabiendo lo mortal y dañino que es para nuestra sociedad.
La cosa ha ido evolucionando conforme pasa el tiempo. Cuando el obtener un título de bachiller era raro y por supuesto difícil, abundaban los bachilleres. Y cuando ser bachiller dejó de ser gran cosa, entonces aparecieron los licenciados hasta en el mercado Oriental junto a los vende agua helada, título muy original en Nicaragua. Luego vinieron los doctores, ingenieros y filósofos y ahora ya no basta con esto y han aparecido desde PhD, hasta especialistas en trasplantes de cabeza que rebalsan hospitales y clínicas realizando procedimientos que con costo se hacen en instituciones bien calificadas sin saberse quién controla, autoriza y permite el ejercicio de tales prácticas, a tal punto, que Nicaragua podría creerse entre quienes no nos conocen, como el país con más profesionales del mundo.
No sé si es el nicaragüense por sí mismo, pero hay una aparente reciprocidad entre el titulado falso y el que lo titula, en una especie de adulación reflexiva.
He visto médicos que cuando visitan un lugar para obtener experiencia después de ver por primera vez un método complicado, dicen sin tapujos que ellos lo pueden hacer ya y mejor que el que les enseña. Y no es asunto, regresan a los pocos días al país, se autodenominan especialistas en la materia, cuelgan un certificado de visita en diferente idioma y al día siguiente se ponen a practicar el procedimiento que en otro lugar requiere de muchos años de estudio, experiencia y educación continuada.
Peor aún veo como el vulgo les cree y los halaga.
Hay además, personas que siendo educadas, subvaloran lo que cuesta ser un buen profesional, no visitan un médico y cuando se enferman, se autorrecetan y creen que saben más que cualquier doctor. Conozco una que por no gastar cuando padece de algo, llama a un conocido que sufre de lo mismo, obtiene la misma medicina en cualquier farmacia sin ningún control, se toma lo que le recetaron al amigo y no solo; se lo receta sin asco, a otros.
Todos estos factores contribuyen al fenómeno social que refleja el subdesarrollo tremendo que vivimos en Nicaragua.
Lo mismo pasa en la construcción, en el derecho, en la agronomía, los negocios, en lo militar y en la política.
No tengo la menor duda que en Nicaragua existen profesionales que de verdad se han ganado sus títulos. Sin embargo, son estos escasos y los menos ostentosos.
Cuidado pues con los batas blancas de anteojos finos, hablar sofisticado y con múltiples títulos en otras lenguas. De los constructores que se llaman ingenieros, de los jueces de dedo y leguleyos de salón, de los generales y poetas con muchos galardones.
De títulos ajenos líbranos Dios que de los míos me libro yo.
El autor es médico y Cirujano