El hecho que el señor Francisco Xavier Aguirre Sacasa sea excanciller de la República y haya sido embajador de Nicaragua en Estados Unidos, no cambia su tendencia a pensar en inglés y a hablar con la entonación de un gringo. En realidad Aguirre Sacasa es un gringo trasplantado. Hijo de un patriota, Francisco Aguirre Baca, que por apoyar al doctor Leonardo Argüello en su lucha contra Somoza después de las elecciones de 1947, prefirió el exilio a las comodidades que el poder le permitía.
En ese viaje al exilio, siendo muy niño, se fue el excanciller y exembajador en Washington a vivir a los Estados Unidos (EE. UU.), en donde construyó su formación ciudadana y profesional. Por eso piensa como gringo y habla como gringo y por eso también, no le luce despotricar contra Trump porque en el fondo de su espíritu repudia por igual a los inmigrantes mexicanos y latinoamericanos indocumentados que entran a EE. UU. ilegalmente. Lo que dijo Trump de los mexicanos y latinoamericanos ilegales, lo aplauden los que no se atreven a expresar sus verdaderos sentimientos. Y tienen razón porque esas corrientes migratorias ilegales han llevado el caos ciudadano a los sacrosantos espacios conservadores del pueblo norteamericano. ¿Por qué va a estar tan equivocado Trump cuando vitupera contra las corrientes de ilegales que inundan el suelo norteamericano? Basta recordar el Mariel para justificar el mensaje del aspirante a presidente de su país. Fidel Castro lo que envió a suelo gringo fue la bazofia cubana recolectada en las peores cárceles de Cuba y una vez esos lumpen en Florida, comenzó a imperar el crimen y la promiscuidad en sus calles, de tal forma que la policía se dedicó a cazarlos como a fieras desbocadas.
Los mexicanos han vivido bajo el trauma del robo de gran parte de su territorio. La historia nos dice que EE. UU. se apropió por la fuerza de California, Arizona, Nuevo México y Texas, hoy todos estados prósperos y ricos donde ondea la bandera de las barras y las estrellas, pero México no olvida y como venganza todos los pobres de esa nación se van para “el gabacho” a recuperar lo que sienten que fue de ellos.
Pero México también se venga con los tratados comerciales con EE. UU. Ofrecen su pobreza para que instalen los ricos del otro lado sus fábricas, provocando un gran desempleo en la “working class” de la potencia mundial y Trump también lo denuncia y por eso habla de la muralla gringa que tiene que ser pagada por los mexicanos.
Nadie que está bien en su patria, se mueve a patria ajena en busca de mejores horizontes, por eso lo que llega a EE. UU., en su gran mayoría, son los desplazados económicos que no pueden comer en sus países. Pero toda regla tiene su excepción y esta la tiene porque hay grandes cantidades de mexicanos y latinoamericanos que prosperaron y son buenos ciudadanos, tan buenos que ya andan corriendo para presidentes de esa gran nación.
Las personas que manejan el certamen de Miss Universo en Nicaragua no pueden ser consideradas como indignas porque han decidido asistir al certamen de belleza, Miss Universo. México, el blanco de los dardos envenenados de Mr. Trump, tiene toda la razón de abstenerse, pero Argentina, Chile, Brasil, Venezuela, República Dominicana, Panamá, etc., no lo han hecho y ¿quién habla mal de esas naciones? Ni siquiera el gran iberoamericanista Aguirre Sacasa. Como gestión privada, esa es una decisión de carácter personal en la que no está involucrada la dignidad nacional, sino más bien los intereses económicos que se derivan de la franquicia y hasta donde yo entiendo, eso no es un delito, por lo tanto, tomar esa decisión como bandera de solidaridad iberoamericana, es pura retórica con ribetes de demagogia populista.
El autor es periodista
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