En la cochera de la Delegación Centro de la Policía hay unos treinta detenidos. La mayoría sin camisa. La mayoría muchachos. La mayoría flacos. Están sentados en el suelo. La mayoría con las manos en la cabeza y la cabeza metida entre las rodillas. Ninguno se queja de nada. Ninguno es golpeado en la cochera. Todavía no”, comienza el reportaje del periodista Óscar Martínez titulado Aquí ya no caben más: mátenlos, publicado esta semana en El Faro, diario digital de El Salvador, donde narra “en caliente” lo que está ocurriendo en las calles salvadoreñas.
Esa realidad salvadoreña que describe Martínez no puede ser ajena para el resto de gobiernos de Centroamérica. Algunos expertos valoran que el fenómeno de las maras y la seguridad deben verse como un problema regional. Y consideran, también, que en el caso de Nicaragua que viene en aumento el número de homicidios, el uso de armas de fuego en la comisión de delitos y el narcomenudeo, tampoco debe pasarse por alto esta “guerra informal” salvadoreña.
Este fenómeno de las pandillas, conocidas como “maras” presente tanto a Honduras, Guatemala como a El Salvador, ha dejado desde 1996 alrededor de 57,000 muertos sólo en este último país, estima Raúl Mijango, exguerrillero y mediador del proceso de “tregua” que se estableció a mediados del 2012 durante el gobierno de Mauricio Funes y se rompió, según Mijango, en enero de este año al asumir el poder Salvador Sánchez Cerén.
594 homicidios se produjeron en El Salvador durante el mes de mayo, según las autoridades de ese país. Cada día son asesinadas 21 personas. Las cifras se dispararon luego que el gobierno de Sánchez Cerén decretara “mano dura” contra las maras.
OPERATIVOS QUE ARRASAN
En abril de este año, Sánchez Cerén anunció la disposición de un batallón de policías especializados contra las maras, desde entonces se ha recrudecido la violencia en las calles.
“Ese es el grupo de los capturados antes del mediodía, en el operativo de búsqueda tras el asesinato del policía número 30 el lunes 29 de junio. El operativo se registró en la comunidad Las Palmas, en el barrio San Esteban —donde ocurrió el homicidio— y en el Centro Histórico de San Salvador, donde MS (Mara Salvatrucha) y Revolucionarios se disputan cuadra por cuadra el control de las extorsiones. En lo que va de 2015 han asesinado a treinta policías en El Salvador. Y en las calles se ha desatado algo que parece una guerra. En marzo el presidente admitió que la PNC había matado a más de 140 sospechosos en enfrentamientos a tiros en un solo mes. Casi presumió de ello. Cada policía asesinado aviva ese fuego”, describe Martínez.
SE DISPARAN HOMICIDIOS
“Con los niveles de violencia que tenemos, vamos a terminar con una tasa de homicidios por encima de ochenta por cada cien mil habitantes”, anota Mijango, entrevistado vía telefónica, y agrega que mayo y junio fueron meses cruentos para esa nación.
En mayo, el mismo mes en que el país celebró la beatificación de monseñor Óscar Arnulfo Romero, se registraron 594 asesinatos en El Salvador. La Prensa Gráfica, uno de los principales diarios salvadoreños, anotó que ese país no alcanzaba cifras tan pavorosas desde la época de los acuerdos de paz, en 1992.
8.7 Por cada cien mil habitantes fue la tasa da de homicidios de acuerdo con el informe de Desarrollo Humano 2013-2014 del Programa de Naciones Unidas, por debajo de Panamá y Costa Rica. La más alta la tiene Honduras con 92 homicidios.
POR EL GOLFO DE FONSECA
Países como Nicaragua que hasta ahora, según distintos análisis, se han mantenido al margen del flagelo de las maras, en este momento no parece estar muy distinta de esa problemática.
Hace un par de semanas, el subdirector Antipandillas de la policía salvadoreña, comisionado Pedro González, durante un evento en Managua, aseguró que algunos mareros están huyendo de aquel país y están pasando a éste por el Golfo de Fonseca, zona que comparten por el Pacífico los tres países: Honduras, El Salvador y Nicaragua.
No es la primera vez que alguna autoridad salvadoreña denuncia la presencia de mareros en ese territorio compartido. En el 2012, David Munguía Payés, quien entonces era ministro de Seguridad y Justicia de El Salvador y fue el promotor de la tregua, denunció “la presencia regular de pandillas en la costa del Golfo de Fonseca”, según consta en archivos de LA PRENSA de junio de 2012.
Sobre las recientes declaraciones del funcionario salvadoreño, las autoridades nacionales, el Ejército de Nicaragua y la Policía Nacional, han reaccionado. Sin embargo, en ocasiones anteriores han afirmado que este país es un “muro de contención” contra las maras y que sus fuerzas permanecen en constante vigilancia en las fronteras y en las comunidades.
“Tenemos ese muro de contención para que las maras no bajen a los países del Sur. El verdadero muro no son los agentes de Inteligencia de la Policía Nacional, sino los jóvenes convencidos de vivir sin armas, sin miedo y sin violencia, con el apoyo de sus familiares”, dijo la primera comisionada Aminta Granera, directora de la Policía Nacional, en julio de 2013 en El Nuevo Diario.
A pesar del “muro de contención” contra las maras, se ha reportado la presencia aislada de mareros en el país.
En el 2010 se reportaron intentos de algunos mareros de formar “clicas” (células) en la Villa 15 de Julio, en Chinandega, pero los supuestos mareros fueron neutralizados por la Policía. Un año antes, también en Chinandega, se había detenido al pandillero salvadoreño Saúl Turcios Ángel, alias “Pitbull” y “Trece”. Luego, en el 2013, fue capturado en el sector de El Guasaule, un miembro de la MS-13 que presuntamente había venido con su pareja chinandegana para celebrar el Día de las Madres. Y el año pasado, fue capturado el salvadoreño Juan Elías García, miembros de la MS-13, quien estaba siendo perseguido por el FBI y tenía nexos con narcotraficantes panameños, guatemaltecos y nicaragüenses.
Un experto que no quiere ser citado, asegura que en comunidades fronterizas la población reporta de vez en cuando presencia de mareros ante las autoridades locales y la mayoría son repelidos por miembros del Ejército.

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NO HAY CONDICIONES ¿O SÍ?
Sobre los efectos que puede tener “la guerra tácita” que se libra en El Salvador para la seguridad nicaragüense, considerada como un modelo en la región, Elvira Cuadra, experta en seguridad y directora ejecutiva del Instituto de Estudios Estratégicas y Políticas Públicas (Ieepp), cree que en el país no existen “condiciones favorables” para que se establezcan las maras.
“Intentos seguramente hay, el punto es, que independientemente de los intentos, las condiciones de la sociedad nicaragüense no son las más favorables para que se desarrolle un fenómeno en la misma dimensión que en El Salvador y Guatemala”, explica Cuadra.
La experta cree que “la fortaleza del país en relación con los problemas de seguridad tiene que ver con diferentes situaciones, con el hecho de que hay una Policía que tiene una historia y actuación diferente, es cierto que en Nicaragua no se han aplicado políticas de mano dura, pero también es cierto que la sociedad nicaragüense está experimentando cambios y que ha construido una cultura donde ese tipo de comportamiento no encuentran espacio,
Cuando escucha la frase “muro de contención” contra las maras, esta experta en seguridad lo relaciona no solo al trabajo de las autoridades sino al trabajo “que hacen organizaciones comunitarias, religiosas, deportivas, que trabajan el tema de prevención ahí es donde encuentro esa afirmación”.

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TEJIDO CON JÓVENES
Mónica Zalaquett, directora del Centro de Prevención (Ceprev), cree que en el país ha sido importante el trabajo de prevención que se ha hecho con miles de jóvenes en situaciones de riesgo en distintos barrios y comunidades.
A lo largo de 18 años y en alianza con la Policía el Ceprev ha alejado a unos 14,000 jóvenes de las pandillas.
Sin embargo, Zalaquett cree que en los últimos años se viene dando un “rebrote” de la violencia en algunos barrios. Menciona que algunos promotores de esa organización están enfrentando problemas para trabajar ya que líderes CPC (Consejos del Poder Ciudadano) están obstaculizando su trabajo, y eso dificulta el trabajo social que se hace con los jóvenes.
En este momento puede haber un retroceso en la reducción de la violencia juvenil en algunos barrios de la capital, valora la experta y cree que más que preocuparse por la presencia de las maras en este país, hay que preocuparse por otros síntomas de inseguridad como el aumento del narcomenudeo y el acceso cada vez más fácil a las armas de fuego.
Cuadra cree que se tienen que sopesar distintos factores de riesgo para contener cualquier flagelo ilícito como las drogas, las maras o el tráfico de personas, entre ellos están las fronteras y sus numerosos puntos ciegos.
“Nuestros países tienen unas fronteras muy porosas, a lo largo de las fronteras tenemos numerosísimos puntos ciegos, donde hay muy poco control y muy poca presencia del Estado, es fácil que por ahí circulen personas y circule mercancía en condición de ilegalidad, pensar la seguridad, y los problemas de la seguridad significa pensar en esas condiciones que son factores de riesgo”, anota Cuadra.
De tomar en cuenta esos factores de riesgo que apuntan Cuadra y Zalaquett, puede depender en gran medida el “muro de contención” que mencionan las autoridades y que hasta ahora han logrado que este país esté considerado como uno de los más seguros de la región y un caso atípico, según expertos de Naciones Unidas, a pesar de sus niveles de pobreza.

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LA POLÉMICA TREGUA
Raúl Mijango valora como uno de los alcances de la tregua que duró poco más de 15 meses, la reducción de los homicidios de 15 a cuatro por día. Sin embargo, los detractores de la tregua entre pandillas apuntaron que no era más que una negociación del gobierno de Mauricio Funes con la cúpula de las maras presas en cárceles de máxima de seguridad para reducir el número de homicidios en el país. Mijango y David Munguía Payés, actual ministro de Defensa, fueron los promotores y voceros de este proceso que se rompió con el gobierno de Salvador Sánchez Cerén.
Mijango señala que el número de homicidios se ha disparado a 21 por día, desde que se cerró la negociación. El exguerrillero insiste en que la tregua pretendía que los pandilleros, considerados protagonistas de los problemas de violencia, pasaran a ser parte de la solución. Mijango cree que la salida a esta espiral de violencia es social, sin embargo requiere más recursos, esfuerzos y no era algo que se iba a lograr de la noche a la mañana, porque se trata de un problema de exclusión que lleva décadas en ese país.

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TRABAJO SOCIAL CON JÓVENES
El subdirector de la Policía Nacional (PN), comisionado Francisco Díaz, dijo en mayo pasado —según recoge el sitio web de la Policía Nacional—, que “a diferencia de otros países del área centroamericana y latinoamericana, aquí desde nuestro Gobierno y las instituciones que trabajamos el tema de la prevención tenemos miles y miles de jóvenes participando en los diferentes Movimientos Juveniles que trabajan y laboran en temas de solidaridad, entonces la juventud está vinculada en obras sociales, a tareas comunitarias y a tareas solidarias”. En la misma línea, la directora de la PN, primera comisionada Aminta Granera ha insistido, en distintas ocasiones, que el país ha sido “un muro de contención para que las maras no bajen”.
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