Hola amigos, que feliz de compartir mis escritos un lunes con todos ustedes. Esperamos que esta semana sea de mucho éxito y bienestar familiar.
Ahora les cuento que en las entrevistas realizada casi a diario en mi consultorio debo hacer preguntas relacionadas a las generales de la persona en consulta, datos que son los que vienen a ser parte de su expediente, además de permitirme conocer del quehacer de mi paciente de ese momento.
La repuesta a la pregunta ¿cuál es su oficio, profesión o a qué se dedica?, escucho casi en susurro, “ama de casa”, como si no deseara escucharse o que la escuchara, en un sonido frágil se esconde lo peyorativo que es para muchos en la sociedad, incluso para el mismo esposo o compañero, denigrada tal posición con un menosprecio indecible.
Por esa razón, alzo mi voz para que en nombre de esas mujeres que lo dan todo por su familia, y por todo lo que es la administración de una casa y familia, que siendo una ardua y cansada tarea pocos la reconocen, seamos todos conscientes del gran respeto y admiración que se merecen pues si les ha tocado o elegido serlo, modifiquemos el modo despreciativo con que se dirigen a tan grandes mujeres, y sean ellas mismas quienes con una cabeza alzada se pronuncien con hidalguía y estoicismo, ser las que aman la casa, la familia, quienes ocupan un lugar tan especial e importante.
Esta es una enseñanza de primera para la familia, los hijos, ese esposo o compañero que no reconoce ni valora lo dignificante que es una mujer que es ama de casa.
Espero que de ahora en adelante, cuando les pregunte a qué se dedican me vean a los ojos y llenas de orgullo me lo digan.
Siempre a la orden en [email protected] — Psicóloga clínica*
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