Desde que murió don José Marenco Cardenal se habla mucho en los corrillos políticos y en los medios de comunicación social de su posible sucesor.
Hace pocos días asistí a una reunión de la Peña El Bejuco, y se tocó el tema. Fue unánime la opinión de que es Daniel el que nombrará al sucesor del señor Marenco, aunque se hizo hincapié en que sea quien fuere la persona nombrada —parafraseando a Julio Iglesias— “la vida seguirá igual”. Por consiguiente, para mis paisanos al ser este tema completamente irrelevante no se debía perder el tiempo en abordarlo (en el momento en que estoy escribiendo este artículo supe que Daniel había propuesto a doña Judith Silva).
Yo estuve de acuerdo con ellos pero les dije que hiciéramos un ejercicio imaginativo, que le diéramos rienda suelta a la imaginación, y que señalaran los nombres de algunas personas que Daniel debía tener en mente para ocupar la magistratura vacante.
El presidente de la peña despuntó diciendo que a él le gustaría que fuera nombrado el doctor Wilfredo Navarro Moreira, porque él consideraba que don Wilfredo se opondría a cualquier irregularidad electoral; que se negaría a obedecerle a Daniel en el supuesto caso de que este le insinuara hacer algo ilegal. Y seguidamente habló, a favor de su “defendido”, manifestando que el doctor Navarro había cambiado; que ya no es el Navarro de antes, que ahora se trata de un político que no da la vida por nadie, y que su anterior vocación suicida la había superado totalmente.
Después de lo que manifestó el presidente de El Bejuco la reunión se volvió desordenada, muchos hablaban al mismo tiempo, y escuché los nombres de algunas personas que Daniel debía tener en cuenta.
Ante semejante desorden yo propuse que hablara uno por uno, y que cada quien expresara el nombre —solo un nombre— de la persona, que a su juicio, debía suceder al señor Marenco Cardenal. Mi propuesta fue aceptada.
Seguidamente el secretario de la peña expresó que, en su opinión, debía ser electo magistrado del Consejo Supremo Electoral (CSE) don Adolfo Jarquín Ortel. Dijo que se trataba de un hombre serio, de una sola pieza, y que sus constantes entrevistas en televisión demostraban tener un carisma políticamente seductor, de recia personalidad democrática, incorruptible, cuyos argumentos los exponía con elegancia, con ese sonoro timbre de voz que caracteriza su atractiva dicción.
Volví a intervenir en la reunión de la peña, exponiendo que solo se citaran nombres, porque si cada uno decide estar exponiendo los argumentos en defensa de los “propuestos”, no íbamos a terminar nunca la sesión de El Bejuco. De nuevo mi propuesta fue aceptada.
Los propuestos por la peña acoyapina, es decir, las personas que debe barajar Daniel para magistrado del CSE, además del doctor Wilfredo Navarro Moreira y Adolfo Jarquín Ortel, son los siguientes: Guillermo Osorno y Miguel Ángel Casco, don Mauricio Montealegre, Orlando Tardencilla y Daniel Ortega Reyes, diputados paralacénicos, don Carlos García y don Ramiro Silva de la ALN, Julio César Blandón (Kalimán), don Carlos Canales, presidente del APRE y el comandante Edén Pastora.
De pronto uno de los presentes que no abrió la boca en toda la reunión, al final pidió la palabra para decir que no estaba de acuerdo con ninguno de los señores propuestos porque dijo que —hablando metafóricamente— “todos ellos le querían tener un hijo a Daniel”. Ante la “risería” de los asistentes, solicité seriedad y silencio para reanudar la sesión.
Antes de finalizar la reunión uno de los miembros de la peña expresó que solo habían propuesto hombres; que por lo menos se propusiera a una mujer. Y por unanimidad se incluyó el nombre de una mujer, que es actualmente diputada. Se trata de doña Élida María Galeano Cornejo, conocida como la Comandante Chaparra, de la Resistencia Nicaragüense.
Es más, varios manifestaron que cuando don Roberto Rivas Reyes se retirara del CSE les gustaría que la diputada Galeano ocupara la presidencia de este Consejo, para que una mujer que ha luchado por la democracia y con profundas convicciones republicanas sea la que le otorgue a este organismo electoral la relevancia, la transparencia y la confianza que el pueblo nicaragüense se merece. El autor es abogado.
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