El DR-Cafta (Dominican Republic-Central America Free Trade Agreement), en inglés o TLC (Tratado de Libre Comercio entre República Dominicana, Centroamérica y Estados Unidos de América), en español, se enmarca en la política de apertura comercial y mayor atracción de inversiones en Centroamérica, a inicios de los años noventa.
Cuatro razones hicieron del DR-Cafta una necesidad para los países signatarios: Primero, la entrada en vigencia, el primero de enero de 1994, del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), entre EE. UU., México y Canadá, que le otorgó a México preferencias arancelarias en productos que también Centroamérica exportaba a los EE. UU. Segundo, la eventual eliminación en 2008 de las preferencias arancelarias que unilateralmente EE. UU. ofrecía a Centroamérica a través de la Iniciativa de la Cuenca del Caribe (ICC), desde 1983. Tercero, una mayor apertura por parte de los EE. UU. a países del Asia, como China Continental e India, en el comercio textil-vestuario, a partir del fin del Acuerdo de Textiles y Vestuarios (ATV), de la Organización Mundial del Comercio (OMC), en enero de 2005 y cuarto, la relación histórica y complementariedad económica de los países centroamericanos y República Dominicana con EE. UU.
El DR-Cafta se firmó en 2004 y entró en vigencia el primero de abril del 2006. Se negoció en él un calendario de desgravación arancelaria entre los países que lo integran, teniendo incidencia en estas mesas de trabajo, el sector privado del país. Nicaragua logró que el ciento por ciento de la producción exportable agrícola entrara libre de impuestos a los EE. UU. (80 % acceso inmediato y 20 % restante a través de contingentes). Se logró además el acceso del ciento por ciento de la producción industrial y en el sector textil/vestuario de nuestro país en Zonas Francas, se obtuvieron millones de metros cuadrados de tela de TPL, “extra-regionales”, como trato preferencial por diez años, que caducó en diciembre del 2014, promoviendo a un sector que ahora representa casi el 50 por ciento de nuestras exportaciones totales y genera más de 100,000 empleos en el país.
La desgravación arancelaria a cero impuestos de introducción de productos de EE. UU. a Nicaragua inició hace cuatro años, con productos del mar, como langosta, pescados y tilapias, entre otros; además de maíz dulce, chayotes, ayotes, okras, caña de azúcar y licores, siendo 2015 el año de la desgravación gradual del maní, piña, mantequilla de maní, hortalizas frescas, repollos y pepinos, hasta finalizarla en 15 y 20 años, a partir de la firma del TLC, en los llamados “productos sensibles” como la carne, azúcar, café, frijol, arroz, miel y cacao. El maíz quedó fuera de las negociaciones del TLC.
A la fecha, el DR-Cafta ha incentivado notablemente las Inversiones Extranjeras Directas (IED), en Nicaragua porque asegura estabilidad y certidumbre jurídica. Las exportaciones tanto dentro, como fuera de Zonas Francas han superado año tras año, las exportaciones provenientes de los EE. UU., desde la implementación del Tratado cerrando la brecha comercial histórica con este país. A través de mayor competencia es que se genera mayor competitividad, cuyos beneficiados son los más de seis millones de consumidores nicaragüenses. No aceptar los retos del DR-Cafta, es ignorar sus beneficios. El camino es construir una Nicaragua con empresas y ciudadanos competitivos. No hay marcha atrás, ni mejor alternativa al DR-Cafta en la actualidad. La UE en 2015 está saliendo de su recesión y deflación. Venezuela tendrá una inflación cercana al 200 por ciento y una caída en su PIB del 7 por ciento en 2015. Rusia decrecerá 3.8 por ciento y China se desacelerará al 6.6 por ciento (el menor crecimiento en 25 años), debajo de India, que crecerá 6.8 por ciento, siendo EE. UU., con su 3.1 por ciento de crecimiento, calculado por el FMI, el motor económico mundial en la actualidad. China está enfrascada en un proyecto transoceánico que unirá Perú con Brasil. Venezuela podría dejar de ser un mercado atractivo para nuestras exportaciones. Salirnos del DR-Cafta es darle la espalda al futuro. Hay que afrontar sus retos, así como disfrutar de sus beneficios.
El autor es catedrático universitario de la Thomas More.