Dos años atrás se reestrenó Jurassic Park (Steven Spielberg, 1993), a propósito de su XX aniversario. Lo que suponía un trabajo menor en la filmografía del director, ganó en estimación. Fui al cine con un vago recuerdo y salí apreciando la astucia de la dirección de Spielberg, su economía narrativa y su capacidad para crear escenas de acción elegantes y aterradoras. Esta “reiniciación” sufre en comparación.
A pesar del caos mortal en su origen, el parque de la isla Nublar se ha reinventado para el siglo XXI. La corporación que dirige Mundo Jurásico corre contrarreloj para seguir atrayendo al público. La estrategia implica llevar la manipulación genética al extremo, mezclando ADN de diferentes especies para crear nuevos dinosaurios, nunca antes vistos en la Tierra. Como bien se imaginan, es una receta para el desastre. El novel Indominous Rex, un tiranosaurio en esteroides, encuentra la manera de burlar las medidas de seguridad. Un parque repleto de inocentes veraneantes le esperan.
Estos no son los únicos dinosaurios que Mundo Jurásico resucita. Su política de género data de la era de las cavernas. Tome nota de cómo el principal personaje femenino, Claire (Bryce Dallas Howard) está codificado en términos negativos, como una mujer que antepone su carrera a la familia y su capacidad reproductiva. Sus sobrinos (Ty Tompkins, Nick Robinson) llegan a pasar el fin de semana y ella se los delega a una asistente sin reparo alguno. Su hermana (Judy Greer) la increpa y le recuerda que los niños son el futuro o algo así. Claire es fría, calculadora, desapasionada y capaz de sacrificar seres humanos por el bien de la corporación. En contraste, Owen (Chris Pratt), el protagonista masculino, es el macho benévolo que le enseñará cuan equivocada es su vida. Según el guion, la bruja carrerista necesita un buen hombre que le muestre el camino. En el primer encuentro de la pareja, a través de un doloroso diálogo de pretendida comicidad, sugieren que la raíz del “problema” de Claire es la frigidez sexual que el bueno de Owen puede curar. ¡Traigan a sus niños! Y el detonante del viaje de los muchachos es el inminente divorcio de sus padres. Si ese hogar no hubiera flaqueado, la inocentes criaturitas no estarían en peligro de muerte.
El subtexto dramático del “Parque Jurásico” original tenía que ver con la educación emocional del Dr. Alan Grant (Sam Neill), reacio a iniciar una familia con su pareja, la dra. Ellie Slatter (Laura Dern), por su recelo ante la idea de tener hijos. Al salvar a los nietos de su jefe, Grant superaba sus reparos y cambiaba positivamente. Pero Spielberg nunca menoscababa a la mujer en este proceso. Aquí, incluso la transformación de Claire la convierte en objeto de burla y alivio cómico, mientras Owen conserva su dignidad de acero aun en los peores momentos.
Y es una lástima. El director Colin Trevorrow crea secuencias de acción eficientes. Un guion más imaginativo y sensible le habría servido bien. El reparto multinacional garantiza máximo interés global: el actor indio Irrfan Khan y el francés Omar Sy dan buena impresión. La mejor escena: huyendo del implacable Indominous Rex, los niños encuentran refugio en las viejas instalaciones del primer parque, derruidas e invadidas por la selva. La futilidad de reproducir el pasado y la tragedia de repetir sus errores cae por segundos como un velo de pesadumbre, acuñada en los acordes del tema original de John Williams. Pero este momento de reflexión solo dura unos segundos. Hay que seguir asombrando al público para que regrese con la plata en la mano. Apuesto que habrá una secuela.
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