Alejandro Badilla

La dignidad del trabajo del hogar

Hace unos días tuve la oportunidad de hablar con un estudiante universitario y le pregunté en qué trabajaba su mamá. Su respuesta me molestó. Más bien no su respuesta, sino su reacción. Me dijo que su mamá no trabajaba, mientras se encogía de hombros. Luego rectificó —sin desencoger los hombros— diciendo “bueno… es ama de casa”.

Le dije que eso no era ninguna vergüenza, que es un trabajo importantísimo y el más digno; que vergüenza debía dar decir que uno se dedica a algo deshonesto. Lamentablemente es la reacción con la que muchos se refieren a las labores del hogar, como si fuera algo de poca categoría, un “rebajarse”, un “esclavizarse”.

La curiosidad me llevó a preguntarle la razón de su vergüenza y me dijo que en una de las tan sonadas clases de “género”, le dijeron que eso de ser ama de casa ya no iba, que era para mujeres oprimidas, que era para mujeres que no tenían otra opción. Que la realidad es que las mujeres ya no son tontas y que todas quieren tener un trabajo que de verdad las realice como personas.

Me quedé pensando en la necesidad de rectificar esas nociones denigrantes de la mujer, las que con el afán de una supuesta liberación la acaban viendo en función de su utilidad en la fuerza laboral formal y no su aporte como persona. Pensé también en las mujeres que sí son esclavas de trabajos que no aman y en tantas que conozco que, de no ser por la urgencia económica, si pudieran dedicarse exclusivamente a su familia lo harían de buena gana.

Basta que prestemos atención a los medios de comunicación y veamos cómo se invisibilizan las labores de servicio. Parece que hay un interés en no hablar del tema, de que se piense de que la dedicación al servicio de otros es una especie de mal necesario.

Al igual que la mayoría de nicaragüenses, este tema no me es ajeno. Soy hijo de una mujer que, luego de haber concluido una carrera universitaria y de haber ejercido esa carrera unos años, se consagró a un proyecto personal apasionante: su familia. No como premio de consolación, sino por decisión y por vocación. Ella estaba segura que aunque otras personas podían asumir esa tarea por dinero, nadie lo iba a hacer como ella y por amor.

Mi intención no es polemizar sobre la importancia de unos trabajos u otros, sobre la justa retribución que merecen y tampoco de las variadas razones por las que muchas mujeres trabajan fuera de su casa o en ella.

Mi único objetivo es concientizar sobre la dignidad del servicio doméstico y de todas las labores de servicio; sea que lo realice la mamá de uno o las personas que trabajan profesionalmente para otros en tareas de cocina, servicio y limpieza.

No podemos permitir que en pleno siglo XXI se vea con lástima a quien es ama de casa y con complacencia por ser ejecutiva a otra. La dignidad no reside en sus cargos, ni en sus salarios. Su dignidad viene de su ser persona, de su ser mujer.

Sirvan estas palabras de homenaje a todas esas mujeres, madres o no, que dedican su vida a servir a otros, por salario y sin él, con horarios y sin horarios. Ustedes hacen que las casas sean hogares, que un grupo de personas sea familia y que el mundo sea un lugar donde el amor y la abnegación le ganen la guerra al odio y a la indiferencia.

El autor es consultor en Educación.

COMENTARIOS

  1. Lectora
    Hace 11 años

    Gracias por tan lindas palabras. Las mujeres nos preparamos profesionalmente para la vida, pero definitivamente cuando decidimos dejar pago y éxitos por nuestra familia nos sentimos mas que pagadas. Felicito a tu mamá por criar a un buen hombre.

  2. Hace 11 años

    Yo fui durante mucho tiempo Ama de Casa y sigo siéndolo, aunque no de tiempo completo, pues mientras estoy en la oficina 40 horas a la semana, cuando regreso a mi casa nunca dejo de hacer labores domesticas, solo el pensar en qué haremos de almuerzo es un esfuerzo desgastante pues es a diario esa tarea, ni que decir de limpiar, lavar, cocinar, ahora trabajo en una oficina y aunque devengo un salario mas o menos digno, deseara volver a ser ama de Casa. Gozas a tu familia y eso no tiene precio.

  3. Mariana Martinez
    Hace 11 años

    Que hermoso artículo. Lo Felicito. Estoy totalmente de acuerdo con todo lo dicho, yo soy una profesional y madre. Cuando tuve a mi primer hijo decidi dedicarme a mi familia. Ya habia ejercido mi profesión por diez años y crei q mi hijo y yo nos merEciamos ese tiempo. No me he arrepentido ni un segundo. Ahora Estoy entre los dos mundos porque puedo trabajar desde mi casa, pero ser Madre y poderme dedicar a mis hijos no tiene precio.

  4. lector
    Hace 11 años

    Es una lastima,las amas de casas deberian ser las educadoras de las universidades.

  5. Carmela
    Hace 11 años

    El trabajo de ama de casa, es el más duro, todos los días haces muchas cosas, que ni se ven. Las amas de casas son las mejores administradoras que hay en el mundo. Aprende a hacer milagros con los ingresos económicos y solucionan mejor que nadie los problemas cotidianos de sus hijos y demás familiares.

  6. Mamá
    Hace 11 años

    Gracias Alejandro por querer rescatarnos del mal concepto y opinión de hasta nuestros vástagos. Benditas todas las mujeres sobre la faz de la tierra y a educar a nuestros hijos para que no sientan verguenza de los oficios que tenemos. Ser madre y ama de casa es tan digno como cualquier profesión.

  7. Maria M Vega
    Hace 11 años

    Muy buen articulo en cuanto a la dignificación que el ser ama de casa es un TRABAJO ,lo que debe considerarse un aporte a la economía y fortalecimiento de la familia, en muchos casos es una opción de la mujer, en otros casos se ven obligadas por maridos que no las dejan ir a trabajar. Seria importante recalcar que las labores del hogar deben de ser compartidas por la familia y no dejar la carga a la mujer y sobre todo, a la que trabaja y luego tiene que realizar las labores del hogar.

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