En 2013 el ingreso per cápita de Costa Rica fue de 9,550 dólares y desde 2011 aumentó en 1,800 dólares. El ingreso per cápita de Nicaragua en 2013 fue de 1,790 dólares, de manera que, en solo dos años, el ingreso per cápita de Costa Rica aumentó en el equivalente al de Nicaragua. Quizá valga la pena interrogarse por las raíces de un desempeño tan divergente.
Durante la Colonia, en el territorio de Nicaragua los españoles vivían a costa del trabajo de los indígenas, del cual se apropiaban bajo la forma de tributos, encomienda de mercancías o trabajo forzoso. En Costa Rica, la provincia más aislada y pobre del Reino —debido a que los indígenas remanentes eran escasos— quienes colonizaron ese territorio debieron, en gran parte, ganar el sustento con su propio trabajo.
Después de la independencia Costa Rica se mantuvo aislada del resto de Estados de la región, envueltos en una larga sucesión de guerras. Desde relativamente temprano en el Siglo XIX los ayuntamientos del Valle Central promovieron activamente el cultivo del café.
En Nicaragua las élites, que habían soñado con que el “progreso” vendría de la mano del Gran Canal Interoceánico, después de la Guerra Nacional comenzaron a poner los pies sobre la tierra y, aunque tardíamente, en el último tercio del Siglo XIX impulsaron con fuerza el cultivo del café.
También aquí hubo diferencias. En Nicaragua se aseguró la fuerza de trabajo para la cosecha del café a través del peonaje por deudas. En Costa Rica, donde los agricultores se convirtieron en gran medida en caficultores, la fuerza de trabajo se aseguró principalmente a través del trabajo libre asalariado y los salarios eran altos.
Asimismo, en Costa Rica se dio mayor importancia relativa a la inversión pública en educación, lo cual contribuyó a la consolidación del sentido nacional, a una mayor participación ciudadana, y a una mayor capacidad para acometer los desafíos del desarrollo.
En términos estrictamente económicos, la razón fundamental de que el ingreso por habitante de Costa Rica sea hoy varias veces al de Nicaragua, estriba en la promoción de una relativamente acelerada diversificación de su estructura productiva y exportadora, hacia actividades de mayor elasticidad-ingreso y mayor complejidad, desde mediados de los ochenta, cuando había concluido la expansión y diversificación de la post-guerra.
Ese cambio estructural se pone de manifiesto al comparar la estructura de sus exportaciones del año 1990 con la del año 2000. Estas no solo se expandieron con gran fuerza, sino que su estructura experimentó un cambio sustancial.
En 1990 los bienes manufactureros de Costa Rica eran el 29.8 por ciento de las exportaciones, mientras que las de bienes primarios (agricultura, pecuario y pesca) representaban el 61 por ciento. En el año 2000, en cambio, la industria manufacturera era ya el 75.7 por ciento de las exportaciones y los bienes primarios, apenas el 24.3 por ciento. Al mismo tiempo, las exportaciones agropecuarias tradicionales declinaron y aumentaron las no tradicionales.
En el caso de Nicaragua, la estructura productiva y exportadora refleja el bloqueo del cambio estructural, de manera que las actividades de menor productividad conservan un peso fundamental en la producción y, sobre todo, en el empleo.
Esta diferencia fundamental se expresa también en el hecho de que, en Costa Rica, cerca del sesenta por ciento del empleo es generado por empresas formales de mayor tamaño relativo, mientras en Nicaragua estas solo generan cerca del 22 por ciento del empleo. La cobertura de la seguridad social en Costa Rica es cerca de tres veces la de Nicaragua.
Nicaragua y Costa Rica están avanzando con bastante rapidez por la senda del envejecimiento poblacional. Pero en dos décadas más, cuando ese proceso esté plenamente instalado, y avanzando a velocidad de crucero, Costa Rica, aunque enfrentará grandes dificultades, estará en mejores condiciones que Nicaragua para enfrentar sus desafíos.
*Economista
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