“Mi oficio era levantar piedras, no es mi culpa si debajo de esas piedras habían monstruos que quedaban al descubierto”, dijo el fallecido escritor portugués José Saramago. En Nicaragua las palabras de Saramago las recoge el escritor Ulises Juárez cuando se le consulta si los artistas nacionales deberían manifestarse por los atropellos del Gobierno a los derechos humanos. ¿Deberían importarles o decir algo ante la represión que han sufrido campesinos por oponerse al megaproyecto del Canal? ¿Les debería preocupar las arbitrarias detenciones en El Chipote? Por citar algunos ejemplos.
Juárez comenta que si bien “no hay un compromiso político partidario directo de los artistas” y que su mayor compromiso “es con su obra, con su trabajo”, pero una vez que el artista halla los monstruos debajo de las piedras “¿qué hacer como ciudadano? Es allí donde hay temor de actuar. El poder inevitablemente causa esos temores”, reflexiona el escritor, quien cree que en los autores nacidos después de los setenta muy poco se tocan esos temas.
Miedo. Autocensura. Hay temor a represalias y al cierre de espacios artísticos que el Gobierno controla, como las salas del Teatro Nacional Rubén Darío (TNRD), el Palacio de la Cultura. Otros temen a que su obra sea censurada por el monopolio de medios de comunicación que están bajo el control del Gobierno o que dejen de invitarlos a los eventos estatales organizados por las instancias públicas que pueden representar un ingreso para los artistas, que viven “en la rebusca”. En un país sin políticas culturales, sin presupuesto para el arte, la mayoría se consideran como simples trabajadores informales, empleados “por cuenta propia”.
“En general, la intelectualidad está apagada alrededor de los temas sociales. Creo que hay miedo. Hay un ocultamiento, pero también creo que todos andamos desorientados en el sentido de que nos viene información desde posturas que suelen ser muy radicales”, dice el escritor Juan Sobalvarro, y pone como ejemplo el tema del Canal, con el cual el Gobierno ha sido bastante hermético y los que se oponen son bastante “pesimistas”, explica el autor de la novela Perra vida, un testimonio crudo de un muchacho que cumplió el Servicio Militar en la década de los ochenta.
Al ser consultados, algunos artistas solicitaron el anonimato y comentaron que solo quieren “estar en paz”, no quieren tener problemas con este Gobierno, que en el 2008 amañó un juicio por injurias y calumnias contra el poeta Ernesto Cardenal, ese mismo año, el Gobierno sostuvo un pleito —que incluyó una campaña de desprestigio— contra el cantautor Carlos Mejía Godoy, quien junto a su hermano, Luis Enrique, fueron los cantores de la Revolución, por el uso de su canción La consigna, que es el himno partidario del FSLN (Frente Sandinista de Liberación Nacional).
La pelea del músico, que fue candidato a la Vicepresidencia por el Movimiento Renovador Sandinista (MRS), provocó división en el gremio musical ese año y encendidos escritos de apoyo y contra el Gobierno, de sus parientes músicos.
En recientes actos políticos, el mandatario Daniel Ortega ha vuelto a darle crédito a los Mejía Godoy por sus canciones. Durante la celebración del natalicio de Augusto C. Sandino, el pasado 18 de mayo, más de tres veces Ortega citó la canción A Sandino y al autor del tema, Luis Enrique Mejía Godoy.
Consultado, respecto a los problemas sociales, los abusos del Gobierno y a su papel como artista crítico y comprometido que fue desde la época de la dictadura somocista, Carlos Mejía Godoy dictó un único comentario para este reportaje:
“Voy a responder con una sola frase de Ernesto ‘Che’ Guevara, la frase que él dejó a sus hijos en una carta: ‘Sentir cualquier injusticia, cometida contra cualquier persona, en cualquier parte del mundo, es la cualidad más linda de un revolucionario’”.
Las mismas preguntas se le hicieron a Luis Enrique Mejía Godoy, vía Facebook, porque informaron que estaba fuera del país, pero hasta el cierre del artículo no respondió.

LA PRENSA/ ARCHIVO
EL TEATRO QUE NO GUSTA
La compañía de Teatro Campesino Tecum Umani, que nació en comunidades de San Ramón, Matagalpa, hace 15 años, fue víctima de la intolerancia estatal el año pasado. El colectivo teatral presentó en el TNRD una de sus obras más conocidas, De macho a macho, que cuestiona el machismo y las relaciones de poder. Durante la presentación, dirigentes del Movimiento de Mujeres leyeron un pronunciamiento en el que exigieron al Gobierno respuesta a la problemática de la violencia contra las mujeres y niñas en el país. Al final del montaje subió al escenario Salvador Espinoza, subdirector del TNRD y aclaró que Tecum Umani no hacía un teatro político, pero el director de la compañía teatral, Gerardo Molinares, también subió al escenario y contradijo a Espinoza. Aclaró que el teatro de esa agrupación sí era político porque promovía la defensa de los Derechos Humanos.
Al día siguiente de la presentación, Molinares recibió de Espinoza un escrito en el que, entre otras cosas, le decía: “Bajo ninguna lógica, cuando alguien te invita a su casa no asistís para hablar de ella, a pesar de las diferencias que puedan existir. Somos una institución gubernamental y no podemos aceptar que cualquiera llegue a insultar al Gobierno al que pertenecemos”.
Después de ese incidente, la compañía teatral campesina, que ha recorrido gran parte de Centroamérica con ese mismo montaje, no volvió a presentarse en la Sala Mayor del teatro. Molinares dice que desde entonces no volvieron a ser invitados a ningún evento ligado en el Teatro.
No es el único problema que ha tenido la Compañía Teatral. Molinares refiere que hace unos meses presentaron bajo tensión y acoso policial una obra en Nindirí, mientras que en Mozonte prácticamente los sacó la Policía antes de presentarse. Las obras de la compañía cuestionan el machismo, pero también el abuso de poder de las autoridades y la falta de oportunidades para los jóvenes y eso no ha gustado a las autoridades ni a las cooperativas en muchas zonas rurales.
Sobre el compromiso de los artistas en la coyuntura política actual, Molinares es crítico con su gremio.
“La actitud de la mayoría de los artistas nacionales es cómoda, complaciente y cómplice e indiferente. Los artistas de larga trayectoria se han puesto un bozal ante los principales atropellos de los que ha sido víctima el pueblo nicaragüense”, dice Molinares.
Sarahí Mendoza, una joven actriz y cuentera, originaria de Condega, quien en sus “contadas” critica el machismo institucionalizado, pero también hace eco del desencanto de los jóvenes que deben emigrar, se suele presentar en espacios alternativos.
Mendoza dice que a veces ha intentado emprender otro tipo de proyectos, al margen del teatro, pero más de una vez le han solicitado un aval político.
Algunos artistas valoran que ahora hay más eventos culturales que antes. En el caso de los músicos se organizan más conciertos. Prevalecen los festivales de rock, algunos son patrocinados por canales de televisión ligados al gobierno. Las canciones de muchas bandas contienen letras críticas a temas globales como la crisis del capitalismo, la política mundial.
Otros se decantan más por letras interiores, más introspectivos. Y esa es una tendencia, desde los noventa, en otras ramas como la narrativa y la poesía. “Los escritores persiguen una búsqueda interior hacia lugares desconocidos. Esta nueva generación no pretende ensalzar el mundo exterior como por décadas lo hicieron poetas y narradores”, dice Roberto Carlos Pérez en el ensayo “La traicionada generación del desasosiego”, colgado en el blog sobre www.nuevosescritoresnicas.blogspot.com
SONIDOS DE LIBERTAD
Gustavo Bucardo, cantautor de Estelí, es de los pocos músicos que se declara como “defensor de los Derechos Humanos y de la libertad de expresión”. Bucardo, de la nueva trova nicaragüense, escribió una canción que está colgada en YouTube y cuya letra dice:
“Ya se sienten nuestros pasos/ se levantan las banderas/ ya se escuchan las cadenas arrastrando en el asfalto/ y este pueblo que ha callado se cansó ya del silencio/ se cansó de hacerse el ciego, se cansó de hacerse el mudo”.
“Es un canto que invita a ser activos en la direccion que queremos que tomen nuestros pueblos”, dice Bucardo, quien se define como un cantor de música popular.
CANCIÓN SOCIAL PARA TODOS
A los pocos días de la caída del supuesto meteorito, en septiembre del año pasado, el cantautor Luis Pastor González compuso una canción a propósito del tema. Esta canción es quizá el único registro artístico del hecho noticioso que hasta la fecha el Gobierno no ha esclarecido. “El meteorito, meteorito, ay Nicaragua aquí todo pasa”, reza parte del estribillo. González dice que su música siempre “ha estado ligada al pueblo, a lo social”. En su repertorio hay temas que abordan distintas problemáticas sociales, como el cáncer de mama, las drogas, el medioambiente o la discapacidad. “Ahí es donde yo me siento útil”, dice González. En la misma línea se expresa la cantante Katia Cardenal, quien asegura que sus temas siguen promoviendo el respeto a la naturaleza. Cardenal, parte del mítico dúo Guardabarranco, junto con su fallecido hermano, Salvador Cardenal, valora que en el país hay libertad de expresión. “Siento que vivimos en un país bastante abierto, nunca me he sentido coartada en lo que pienso”, dijo la cantautora, quien se presenta en espacios estatales y alternativos. “Mi meta en la vida ha sido cantar para todos”, anota.
“Es difícil que todo el país y la sociedad se pongan armoniosamente en una sola posición. Siempre he estado en contra de la represión, en contra de impedirle a la gente que se exprese (…). No me gusta para nada que haya represión, que las libertades sean suprimidas, pero pienso que eso nos hace fuertes”, comenta Cardenal quien insiste en que con su canto intenta unir, no dividir, igual que González. En esa misma línea se inscriben otros cantantes de su generación.
ALGUNAS EXPRESIONES
Hace dos años cuando los adultos mayores reclamaban una pensión reducida y un grupo de jóvenes apoyó su lucha, y al final, fueron reprimidos, algunos artistas entre ellos Danilo Norori, Perrozompopo, Gaby Baca, Nina y Sebastián, hijos de Katia Cardenal, expresaron su solidaridad con los jóvenes y los mayores. En la narrativa, el periodista y escritor Guillermo Cortés publicó la novela “El oráculo de la emperatriz. La conspiración de los escritores”, en la que satiriza un episodio reciente de intolerancia del gobierno hacia los escritores.
Ver en la versión impresa las páginas: 6 A


