Canción para velar a un minero
Cuatro golpes de tos
te hacen guardia esta noche.
Cuatro, sobre tus costados
que no existen.
(El oro sube en los mercados
extranjeros, y los derechos
del minero fueron enterrados
con asistencia de dólares nuevos).
En las ciudades (las civilizadas)
se pronuncian discursos,
se persigna, se mata,
y todo se perdona.
Sobre ti cuatro horribles
golpes de tos caen,
y el vacío que dejas en la casa
lo llenan con dolor
tu mujer y tus hijos.
Revista Ventana N° 8 , 1961.
Bosquejo de un Héroe
Yunque,
canción, poesía,
y un corazón para poder cantarte.
Sangre que cuando nació
quedó en las venas porque
aún la palabra “lucha” no existía.
Es necesario que el rojo
tiña los emblemas,
para que el amor consagre altares,
Cristo es Gólgota.
Somos tan sádicos
y tan sentimentales
que vemos en la rigidez de los muertos
el asta propicia para nuestras banderas.
Piedra,
antorcha,
flecha y bala,
son de tu hazaña los símbolos eternos,
tremendo músculo que blandiese el arco,
firme dedo que apretó el gatillo.
Acto que rebalsó historias
y revivió museos,
fecha intemporal para la Patria
fe para el hombre,
arrullo al niño,
seguridad a la mujer,
descanso a los ancianos,
lluvia fecunda que arrojó su gesto
haciendo germinar la libertad.
Cuando lo mataron
creyeron sumir su nombre en el olvido
grave error,
desde ese día su tumba,
es toda nuestra tierra
y su epitafio el azul del cielo.
Publicado en Ventana N° 4, septiembre 1960.
Al soldado Andrés Castro
Al soldado Andrés Castro
Andrés:
la noche es larga
y nuestra Patria se ha dormido
en la noche sin tiempo
de las naciones débiles.
Los brazos se han vuelto perezosos,
y la piedra que arrojaste aquel día tan glorioso
la escondieron con miedo
sombras rubias amparadas
por la máscara obscura de la noche.
(Hasta los caballos se están
volviendo zacate mientras
esperan el llamado del combate).
Sin embargo, yo sé que tú vives,
andas en cada uno de nosotros,
en Ambrosio, Pedro o Gumersindo,
y solo esperas el momento propicio
para lanzar la piedra que golpee
fuerte, como aquel 14 de septiembre
en la casa hacienda San Jacinto.
La Prensa Literaria, septiembre de 1957. Ha sido reproducido en revistas y antologías de poesía.


