El obispo Luis Amado Peña será recordado en Nicaragua como “el cura de los presos”, porque dedicó su misión pastoral a visitar a quienes él prefería llamar “privados de libertad”.
Murió este 16 de mayo, aproximadamente a las 5:40 de la mañana, en el Hospital Salud Integral de Managua, a los 76 años de edad.
Monseñor Peña, originario de Masaya, había estado asignado los últimos diez años a la parroquia María Inmaculada, en el barrio Altagracia (Managua), donde su feligresía lo recordará como el hombre más trabajador que han conocido. Sin embargo, el martes 12 de mayo su corazón dio signos de que ya no quería trabajar.
Audilia González, secretaria académica de la escuela que funciona en esa parroquia, recuerda que monseñor estaba planeando su visita penitenciaria del fin de semana, cuando se quejó de un extraño dolor en el pecho, que devino en un infarto al corazón. Inmediatamente llamaron a los paramédicos y desde ese día estuvo internado.
El último infarto que tuvo fue en la madrugada de este sábado, pero su corazón no resistió más.
El 9 de mayo realizó la última visita al sistema penitenciario La Modelo y el 11 de mayo estuvo alistando las actividades del Día de las Madres en las dos cárceles para mujeres que existen en el país. “Era un hombre trabajador, le daba todo al necesitado, no escatimaba ni en tiempo ni en recursos”, expresó González.
Lo que más le preocupa ahora a doña Audilia es cómo le va a decir a varios exreos que llegan semanalmente a la parroquia, que monseñor está muerto, porque no tiene forma de avisarles, pero sabe que llegarán a buscarlo.
ACUSADO DE CONTRARREVOLUCIONARIO
Antes de sobresalir por su misión en las cárceles, a monseñor Peña se le conoció a nivel nacional por la experiencia que vivió durante el primer mandato del actual presidente Daniel Ortega, en los años ochenta, cuando los sandinistas lo privaron de libertad por 11 meses sin salir del Seminario, debido a que lo acusaron de ser contrarrevolucionario, algo que el sacerdote negó.
José Toruño Torres, amigo de monseñor Peña, recuerda que esa experiencia hizo que el sacerdote decidiera estudiar derecho canónico. “Él sufrió cárcel no físicamente dentro de las cárceles comunes, sino que estuvo en el Seminario. A partir de allí sintió el llamado, porque sintió en carne propia la privación de libertad y por eso fue una persona tan entregada al Sistema Penitenciario, tanto de varones como de mujeres”, expresó Toruño.rio. A partir de allí sintió el llamado, porque sintió en carne propia la privación de libertad y por eso fue una persona tan entregada al Sistema Penitenciario, tanto de varones como de mujeres, expresó Toruño.
“SERÁ RECOMPENSADO EN EL CIELO”
El cardenal emérito Miguel Obando y Bravo ofició ayer una breve misa de cuerpo presente en la parroquia María Inmaculada, donde el cuerpo de monseñor Luis Amado Peña fue llevado a las 11:00 de la mañana.
“Monseñor Peña fue un hombre muy trabajador, hombre incansable y tenemos que recordar que ha trabajado mucho y Dios estará recompensándole allá en el cielo por todo lo que ha hecho”, manifestó el cardenal emérito.
El obispo auxiliar de Managua, monseñor Silvio Báez, también ofició una misa de cuerpo presente la noche de ayer en la misma parroquia.
UN CONSEJERO
Rodolfo Rojas fue uno de los familiares que se mostró muy afectado por la muerte de su primo monseñor Luis Amado Peña.
Expresó, sin resistir el llanto: Era mi hermano, mi amigo y mi consejero.
Monseñor Peña era hijo de la hermana gemela del papá de Rojas.

LA PRENSA/ARCHIVO/C. HERRERA
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