Edie Betanco Berrios

Zonas fronterizas y bicentenario de CA

En agosto del año pasado los presidentes de El Salvador, Honduras y Nicaragua suscribieron un Acuerdo, con la finalidad de facilitar el desarrollo de las zonas aledañas de cada país al Golfo de Fonseca, con énfasis en turismo, agroindustria, infraestructura, energía renovable, pesca y transporte de cabotaje en el golfo. Para la ejecución del Acuerdo se conformó un equipo de trabajo integrado por organismos públicos vinculados a cada proyecto y por representantes del sector privado, quienes tendrían a su cargo la elaboración de un plan maestro de inversiones, sujeto a un cronograma de trabajo, para ser sometido a consideración de organismos multilaterales de financiamiento.

Obviamente este Acuerdo involucra el desarrollo de proyectos con fuerte impacto en la economía de los tres países, por lo tanto, asumo que se encuentra en plena ejecución conforme al calendario de trabajo. Para Nicaragua, el Acuerdo significa el aprovechamiento del potencial de desarrollo que prevalece en el departamento de Chinandega, en los sectores previamente identificados. Sería valioso para la población conocer el estado de avance del programa.

Dentro de esta perspectiva integracionista, Costa Rica y Nicaragua perfectamente podrían suscribir un Acuerdo con objetivos similares al del Golfo de Fonseca, en este caso para el desarrollo socioeconómico en ambos lados del Río San Juan, zona que dispone de un enorme potencial para el desarrollo, de al menos en turismo y agroindustria, mediante inversiones bilaterales y extraregionales, ya que esfuerzos inversionistas por cada país serían insuficientes para lograr economías de escala, teniendo en cuenta las expectativas de generar producción exportable.

Lamentablemente, la zona del Río San Juan, históricamente, ha sido motivo de recurrentes divergencias fronterizas, las cuales para dirimirlas son llevadas a la Corte Internacional de Justicia en La Haya a un costo millonario muy alto. Recursos escasos en ambos países, que preferiblemente se hubieran utilizado en identificar las opciones de desarrollo de la zona del Río San Juan y estimar el monto de inversiones que se requerirían en un plan quinquenal de desarrollo de esta rica región en recursos naturales, que durante los últimos años la han convertido en un ring de boxeo. Cabe mencionar que otra región fronteriza que aún permanece en condiciones de semiabandono es la ubicada entre Honduras y Nicaragua, a lo largo del Río Coco, lo cual requiere atención urgente de ambos países.

El próximo 2021 se cumplirá el bicentenario de la independencia de Centroamérica, ocasión propicia para reafirmar y consolidar el espíritu unionista de los próceres. Esta efeméride no solo debe celebrarse con discursos retóricos y lujosos desfiles, sino también creando desde este momento condiciones que contribuyan a fortalecer la unidad centroamericana y elevar la calidad de vida de la población rural y urbana del istmo, que actualmente es deficitaria en oportunidades de trabajo, lo cual se refleja en los altos índices de pobreza y emigraciones. Revertir esta tendencia histórica, es la tarea regional inmediata. Obviamente Costa Rica es el país de la región que ha logrado mayores avances en el campo socioeconómico, gobernabilidad y democracia.

En la región operan organismos regionales que son producto del espíritu integracionista, surgido en 1821, entre otros: SIECA, BCIE, SICA, etc. Estas entidades en conjunto con los gobiernos de los cinco países y sociedad civil, incluyendo el sector privado, podrían formular un plan de acción para que en el 2021 se alcancen determinadas metas integracionistas, que aún están pendientes en el campo social, económico y en materia de gobernabilidad y democracia, particularmente en Nicaragua, clasificado actualmente como el segundo país menos desarrollado del hemisferio. El logro de estas metas motivarán a la población centroamericana a celebrar con dignidad, orgullo y regocijo el bicentenario de la independencia de Centroamérica en 2021.

El autor es Economista

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