Su nombre es Eunice Alejandra López Sánchez. A la hora de comer no puede rechazar los mariscos y el mar la hace feliz. Si su casa se incendiara salvaría su laptop y le gustaría vivir cien años.
¿Se identifica con algún personaje ficticio?
Siempre me veo de carne y hueso, pero si me dieran a escoger me gustaría ser El Quijote.
Un mal hábito…
Levantarme tarde (ríe).
Su primer recuerdo…
El jardín de mi abuela Mercedita. Me gustaba escucharla cuando me leía poesía y cuentos.
¿Alguna fobia?
Las arañas (ríe).
Si hubiese sido hombre ¿quién le hubiera gustado ser?
¡Jorge Luis Borges! (ríe).
¿Cómo le va en el amor?
Bien… Llevo casada con Erick (Aguirre) ocho años.
¿Qué le saca una sonrisa?
Los niños… me encanta verlos (ríe). Me gusta su inocencia. Me hace reír honestamente.
Un superhéroe…
Miguel de Cervantes (carcajada).
¿A quién reviviría?
A Rubén Darío (ríe) y a todos los poetas que están en Catedral de León. Me encantaría que estuviéramos todos los poetas nicaragüenses reunidos. Sería genial.
¿Qué hace en su tiempo libre?
Me encanta ir al mar y estar ahí debajo de un rancho, comerme un pescado fresco (…).
¿Cómo fue su primer beso?
Fue emocionante. Estaba en el colegio, tendría unos 12 años. Un muchacho me dijo “nos vemos a la salida” y detrás de unos buses amarillos nos dimos un beso rápido.
¿Con qué peca?
Me gusta el vino… ¡muchísimo! el blanco y el tinto, no importa.
Una pesadilla recurrente…
La oscuridad absoluta. Me da terror pensar en un mundo a oscuras.
Si mañana fuera su último día ¿qué haría hoy?
Beberme un buen vino. Y leer poesía… Yo creo que con eso podría morir tranquila.
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