Siguiendo con la reflexión de la semana pasada y aterrizando al amor de pareja, quisiera contarles la estrategia que mi esposa y este servidor hemos usado para ayudarle a personas que se han acercado a nosotros buscando auxilio para restaurar sus relaciones de pareja en ruinas. Nuestra estrategia ha sido siempre la misma porque hemos constatado que muchos de los que humildemente se han apegado a nuestras indicaciones han triunfado en su objetivo.
No ponemos mucha atención a las acusaciones mutuas (las que curiosamente siempre son muy parecidas en todas las parejas) y cuando se han cansado de presentarnos cada quien su enorme lista de agravios, les hablamos por separado y les hacemos siempre la pregunta de: “¿Qué estás dispuesto (o dispuesta) a hacer para salvar tu matrimonio (por tus hijos, por el romanticismo pasado, etc.)?” Y siempre ineludiblemente nos contestan que “todo”. Entonces nos apoyamos en esa declaración para pedirles que por un tiempo muy limitado (una semana no más) solo sirvan a su cónyuge, haga este lo que haga. Y lo mismo le pedimos al otro.
Rechazamos siempre y tajantemente la respuesta de ellos, asegurándonos que están dispuestos a sacrificarse en la medida en que el otro se sacrifique y cambie en lo que supuestamente debe cambiar. Es decir, una negociación: “Yo cambio si vos cambiás”. Pero nosotros no cedemos ni un ápice en nuestra postura y hasta les decimos que si no están dispuestos a experimentar nuestra fórmula, que busquen a otra persona, porque nosotros no podemos ayudarles por más que digan que están dispuestos a todo por la salvación del matrimonio. Al cabo de una semana de haber aceptado darle una probada a nuestra fórmula nos volvemos a reunir y programamos otra semana, y así hasta constatar que el servirse generosa, incondicional y desinteresadamente se ha vuelto en ellos una costumbre más o menos espontánea. Y hemos verificado que cuando uno se decide y se compromete a amar a otras personas, a pesar de que al principio no experimentemos ningún sentimiento afectuoso hacia ellas, al poco tiempo el cariño y el afecto saldrán en ayuda de nuestro amor.
Sobre el amor existe otra fuente de confusión que quiero señalar. Hay una tendencia moderna de no tomar en cuenta las diferentes relaciones que existen entre las personas. Mucha gente piensa que el amor debe ser expresado de la misma manera en cualquier tipo de relación.
La Biblia aborda el amor y las relaciones de una manera completamente diferente: Una apropiada expresión del amor cristiano difiere de acuerdo con el sexo, la edad, posición de autoridad, el puesto en la familia, etc. Así por ejemplo, dice la escritura que, un padre que ama a su hijo debe disciplinarlo con la vara cuando comete una falta grave; pero no debe hacerlo de la misma manera con su esposa o con un empleado. Un niño que ama a su padre debe reverenciarlo y obedecerle siempre; pero no a su compañero de juegos, por mucho cariño que le tenga.
Hay muchas otras sugerencias útiles que recomendar, pero que en esta ocasión me lo impide referirme a ellas por falta de disponibilidad de espacio.
Si usted —querido lector— está pasando por una crisis conyugal relacional, pónganse en manos del Señor Jesús, practique nuestra fórmula y vuélvase “detallista”, o busque a un especialista reconocido. Si esto último no le resulta, como dicen los anuncios: que le devuelvan su dinero.
EL AUTOR ES COORDINADOR DE LA CIUDAD DE DIOS
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