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El proyecto Una computadora por niño se desarrolla en 125 escuelas del país, de acuerdo con los registros de la Fundación Zamora Terán. LA PRENSA/ ARCHIVO

De alumnos a creadores de su aprendizaje

Con ayuda de la tecnología y un guía dentro y fuera del aula de clases, un niño puede convertirse en el constructor de sus propios aprendizajes porque no importa cuántos puntos saquen en una clase, sino cuánto aprendió de esa clase.

Con ayuda de la tecnología y un guía dentro y fuera del aula de clases, un niño puede convertirse en el constructor de sus propios aprendizajes porque no importa cuántos puntos saquen en una clase, sino cuánto aprendió de esa clase.

Así que si usted mira que su hijo está jugando con una computadora, no se asuste. Si son juegos educativos, él no estará perdiendo tiempo. Eso también “es aprendizaje”, dice Claudia Urrea, investigadora en la oficina de aprendizaje digital del Instituto Tecnológico de Massachusetts.

32,000 beneficiados tiene el programa Una computadora por niño que ejecuta en el país la Fundación Zamora Terán (FZT). Este se desarrolla en 125 escuelas y beneficia a estudiantes y maestros.

En el mundo hay una opción escolar que brinda a los niños herramientas de aprendizaje basadas en la teoría constructivista. Se llama Sugar Labs y fue creada por el estadounidense Walter Bender.

Este software apuesta —entre otras cosas— a que en las aulas de clases ya no existan más estudiantes que copien lecciones del pizarrón ni maestros que midan el desempeño de sus alumnos con notas, sino que estos se conviertan en los expertos que eligen y construyen sus propios aprendizajes.

En el Sugar Labs es donde se encuentran todas las aplicaciones educativas que pueden descargarse en las computadoras XO que se entregan como parte del proyecto educativo Una Computadora por Niño.

Con este software —explica Bender— los niños aprenden a ser autónomos y expertos en desarrollar sus aprendizajes. Pero también aprenden a identificar y definir sus propios propósitos de lo que quieren aprender y para qué.

Por eso, afirma Bender, “la nota no es un buen motivador”, aunque depende del propósito que tengan los sistemas escolares de cada país.

Walter Bender,  fundador de Sugar Labs y Claudia Urrea, investigadora del Instituto Tecnológico de Massachusetts. LA PRENSA/ R. FONSECA
Walter Bender, fundador de Sugar Labs y Claudia Urrea, investigadora del Instituto Tecnológico de Massachusetts.
LA PRENSA/ R. FONSECA

“Podemos construir un sistema que enseñe a los niños a tomar riesgos intelectuales y aprender”, dice Bender.

Sugar Labs tiene un enfoque distinto al tradicional: no impone contenidos ni obliga a los niños a memorizar textos, sino que los forma con un enfoque basado en la expresión, formas de relacionase y la posibilidad de convertirse en maestros de sus propios aprendizajes.

Tanto Urrea como Bender visitaron el país esta semana para reunirse con los directivos y el equipo técnico de la Fundación Zamora Terán (FZT) para apoyar el primer Centro de Desarrollo de Software Libre que la fundación está desarrollado en el país.

Trabajo en equipo

Con las aplicaciones disponibles en el Sugar Labs, los niños además aprenden a que el trabajo en equipo no es sinónimo de “copia”, sino que fomenta la colaboración con sus compañeros.

Y enseña a los maestros y padres de familia que los niños, aún después de la formación preescolar, pueden seguir jugando y aprendiendo, pero ahora con apoyo de una computadora.

“La colaboración es una herramienta muy poderosa y una de las cosas que hace Sugar Labs es promover y alentar a los niños a colaborar entre sí”. Esto con el fin de formar a bachilleres aptos para trabajar en equipo y capaces de innovar.

Bender, junto con otros investigadores del Media Lab, del Instituto Tecnológico de Massachusetts, lograron que hasta el momento 2.4 millones de estudiantes y maestros en el mundo utilicen en sus clases computadoras XO. Pero además, Bender se propuso ir más allá y creó el software Sugar Labs.

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