Sergio Vélez Astacio

La historia de Lot y su familia

Muchas personas en este mundo viven en función de la riqueza, la comodidad y la vida fácil. Y desean alcanzarla lo antes posible.

Para lograrlo, suelen sacrificar las cosas realmente importantes de la vida. Eso ocurrió en la vida de Lot, el sobrino de Abrahán, familia que vivía junta en la tierra de Canaán.

En la búsqueda del camino fácil hacia la riqueza y la comodidad tomó decisiones que acabaron por destruir todo aquello por lo que había vivido.

Lot siempre pensó primero en sí mismo. Esto lo demostró cuando eligió las ricas tierras de pastoreo de los valles del Jordán que tenían abundante agua y mucha buena hierba para sus animales. Por eso, Lot mudó a su familia y animales allí. Al fin hicieron su casa en la ciudad de Sodoma. Y para Abrahán dejó las tierras altas de la región montañosa, es decir las menos provechosas. Al abrazar las fáciles comodidades de las ciudades del valle y la prosperidad material que ofrecían, se encegueció en cuanto al legado que dejaría a sus descendientes.

Cuando los hombres de Sodoma exigieron que Lot les entregara a sus huéspedes para participar en sus prácticas sexuales, ofreció a sus hijas como alternativa. En su deseo de que el pueblo de la tierra de su adopción lo aceptara, no dio el respeto y la protección debida a sus hijas.

El resultado del egoísmo y la codicia de Lot fueron la pérdida de su fortuna y la ruina de su familia. Sacrificó a su familia y todo lo que había trabajado en aras de los dioses de la comodidad y la riqueza. Fue testigo de la muerte de su esposa como resultado de su desobediencia a Dios, de lo cual había sido ejemplo. Sus hijas también siguieron el ejemplo de Lot. Ellas usaron el medio más rápido y fácil de vencer su soledad y su falta de hijos: la embriaguez, la seducción y el incesto.

Nuestra sociedad otorga gran valor a la riqueza, la comodidad y el éxito, y nos llama a que todos nos unamos en la loca carrera para lograrlos. Este enfoque es tan dominante que se hace difícil que lo veamos como malo. Aún cuando vivir para enriquecerse no parezca un pecado tan terrible, sus efectos destructivos sobre la gente de nuestro mundo están muy difundidos. Tenemos que aprender a poner a Dios en primer lugar. Si colocamos en primer lugar la riqueza, nos exponemos a perder todo lo que es realmente importante en la vida: nuestra familia y la relación con Dios.

Lot con frecuencia siguió el curso de acción más fácil, generalmente a expensas de lo correcto. A la hora de tomar una decisión, Lot primero pensaba en sí mismo. Las hijas de Lot buscaron medios pecaminosos para satisfacer su necesidad; en lugar de buscar la provisión de Dios. Lecciones para nuestras vidas. Si vivimos en función de la comodidad y la riqueza, estas pueden interponerse entre nosotros y nuestra familia. Es necesario que nos ocupemos o preocupemos primero de nuestras responsabilidades hacia Dios y hacia las personas si queremos triunfar en la vida. Los errores de los padres generalmente conducen a sus hijos a cometer errores. Cuando ponemos las riquezas y la comodidad antes que la obediencia a Dios, el resultado siempre es destructivo.

El engaño de las riquezas pueden ahogar la palabra de Dios en el corazón.

El autor es exasesor Fiscal DGI.

Opinión familia archivo

COMENTARIOS

  1. Adan
    Hace 11 años

    veamos bien la historia de lot: 1. Lot es protegido de dios; 2. Dios manda 2 ángeles cobardes que se esconden de los hombres de Sonoma; 3. Lot en vez de defender a sus hijas las ofrece para proteger a los Ángeles; 4. Los Ángeles por orden de dios queman Sonoma, gomorra y 2 ciudades más en donde lógicamente hay niños inocentes; 5. Dios castiga matando a la mujer de lot solo por que fue curiosa; 6. Lot es alcohólicos e incestuoso junto con sus hijas, y son protejidos de dios. Justicia divina?

  2. Nica-chon
    Hace 11 años

    Ese cuento de Lot no es História, esas son Leyendas de las que en la Bíblia abundan. Para criticar la avaricia no es necesario recurrir a esas leyendas, además de que es algo tan comun en los humanos, que si realmente ese fuera un pecado, se podrían contar con los dedos de la mano los que lograrían ir al Cielo. Así, que a mi juicio, la población del Infierno comparada con la del cielo, es comparativamente como China y Nicaragua.

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí