Es común y normal que, sin inmutarnos de manera alguna, la mayoría de los nicaragüenses hagamos uso irracional del agua y propiciemos, día a día, su derroche y contaminación, permanentes.
Y, por supuesto, ni en la escuela, ni en la casa y ni de las instituciones públicas, hemos recibido la cultura adecuada y suficiente, para reorientar nuestras acciones y crear las condiciones ambientales necesarias que preserven el bien más valioso que Dios nos ha dado, tanto para la vida en general como para nuestro desarrollo económico y social, como indiscutiblemente lo es, el recurso agua de nuestros ríos, lagos, lagunas y, de las aguas marinas de nuestras zonas costeras.
Al respecto, podríamos abundar en ejemplos en que, a nivel personal o institucional, constantemente agredimos los recursos acuáticos, a sabiendas que existen muchos países en este planeta en donde la gente daría cualquier cosa por obtener el preciado líquido, en este sentido, podríamos mencionar la inapropiada conducta personal, cuando derrochamos el agua en nuestra higiene personal, cuando lavamos nuestro carro en el garaje, cuando regamos el pequeño jardín de nuestros hogares, etc.
En la otra acera, como instituciones, pondríamos por ejemplo a muchos agricultores de riego, que hacen uso y abuso del agua, como ocurre en el Valle de Sébaco, alrededor de los lagos, en Rivas, etc. (donde prevalece la producción arrocera mediante técnicas obsoletas de riego por inundación). Por otra parte, la agricultura de riego y de secano, contamina los ríos colindantes con agroquímicos y pesticidas.
Y, no menos importante es: la contaminación del agua por las aguas residuales de la explotación minera (El Limón, Santo Domingo, La Libertad, Siuna, Bonanza, Rosita, etc.) cuyas plantas inadecuadas (cuando las hay) no son capaces de eliminar el arsénico que conllevan, inhibiendo las aguas superficiales para consumo humano y causando la muerte frecuente de toda clase de ganado, sobre todo, en el departamento de Chontales y en las dos regiones autónomas del Atlántico.
Igualmente, podemos señalar la carencia de plantas de tratamiento para las: aguas grises de la industria láctea; aguas mieles de la industria cafetalera; aguas residuales de las plantas eléctricas geotérmicas (que contienen mercurio, boro, azufre y otros); aguas residuales de la industria pesquera (procesadoras de peces, camarones y langostas); aguas residuales de grandes y pequeñas ciudades del país que carecen de saneamiento, etc., y cuyos residuos, en general, discurren y contaminan los cuerpos de agua dulce, en el interior del país y sus costas, sobre todo, en Corinto, Bahía de Bluefields, Estero Real, Bilwi y otras regiones.
Por otro lado, debido a una deforestación desmedida (por la explotación maderera y la actividad agropecuaria extensiva), a la industria minera, etc., se produce la erosión de los suelos, que en forma de sedimentos llega a nuestros ríos y finalmente al mar, contaminando los cuerpos de agua con minerales peligrosos y, por otra parte, obstaculizando la navegación, reduciendo la capa de suelo vegetal y dañando la pesca, sin que, por ello, se tomen las medidas correctivas para reducir este proceso destructivo. Además, el inadecuado manejo de la basura en diferentes ciudades y poblados, también contamina los recursos hídricos.
Particularmente, el lago Xolotlán sufre un proceso acelerado de eutroficación debido a que recibe: aguas residuales con agroquímicos y pesticidas de la agricultura en la cuenca, aguas residuales de las poblaciones costeras, y aguas residuales con minerales pesados desde el proyecto geotérmico Momotombo. En este sentido, de no tomarse medidas correctivas a tiempo, el proceso contaminante podría volverse irreversible.
Para concluir, cabe mencionar los megaproyectos riesgosos que, como el Canal Interoceánico, amenazan, en su área de influencia, con destruir el medioambiente, y particularmente el lago Cocibolca, que es el reservorio de agua dulce más grande y más valioso con que contamos y sobre el cual (con sus potenciales y múltiples usos de agua potable, riego, navegación, turismo, hidroelectricidad, etc.), al igual, que en el resto de nuestros recursos acuáticos, descansa el futuro bienestar de los nicaragüenses. Por lo tanto, urge proceder, lo más pronto posible, en un uso y manejo sostenible del agua, a nivel nacional.
El autor fue gerente nacional en Marena, de un plan de acción para el manejo del agua.