Carlos Alberto Cerda

Integración para la paz y la democracia

La democracia y la paz parecen dos condiciones esenciales para que cada persona y cada sociedad logre la felicidad y alcance su máximo potencial espiritual y material.

De acuerdo con Kervégan (2001) la democracia constituye el horizonte de todo orden político legítimo que abarca instituciones definidas y un conjunto de valores: los derechos humanos. La paz, por otro lado, constituye la antítesis del conflicto, la agresión y el uso irracional de la fuerza.

Ossorio (2013) se refiere a la democracia como la “doctrina favorable a la intervención del pueblo en el Gobierno y también mejoramiento de la condición del pueblo” (p. 287) y a la paz como la “pública tranquilidad y quietud de los estados, en contraposición a la guerra” (p. 700).

En Centroamérica hay dos acontecimientos que ponen en riesgo la paz y la democracia y, desde luego, la integración regional: “Honduras 2009” y el “Conflicto fronterizo Nicaragua/ Costa Rica”. Parthenay (s.f.) ha señalado que: “El retraso de una resolución del conflicto entre Costa Rica y Nicaragua amenaza la integración centroamericana. Con este conflicto, el Sistema de Integración Centroamericana conoce su segunda sacudida política de la década después del golpe de Estado de Honduras 2009” (párr. 9).

La integración regional amplía la interlocución (canales estratégicos de diálogos) entre los países en la búsqueda de soluciones a problemas comunes o propios que impactan a todos. La historia y la práctica así lo demuestran.

Tal y como lo señala Debáne (2009), los procesos de integración regional no son meros acuerdos institucionales diseñados para alcanzar metas técnicas, como el libre comercio (aunque el comercio, en su papel en las relaciones internaciones, sea considerado como factor de paz o de guerra). Su propósito, alcance y nivel no pueden ser comprendidos sin un conocimiento preciso del contexto histórico que caracteriza su negociación y primeros pasos (en la experiencia europea, después de la Segunda Guerra Mundial, el proceso de integración regional permitió la reconciliación de dos enemigos: Francia y Alemania).

En el caso de Centroamérica, desde una perspectiva histórica: en la década de 1950 los esfuerzos de integración perseguían, entre otras cosas, la resolución de crisis regionales colectivas. Esta experiencia identificó el carácter disuasivo y el patrón de reconciliación que puede jugar el proceso de integración.

Alcañiz (2005) ha expresado que Europa, en respuesta a la necesidad de pacificar la región después de la guerra y la superación del problema del franco-alemán, organizó la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA). La CECA se convirtió en un acuerdo económico que estableció un mercado único pero su objetivo final era reconciliar antiguos enemigos, incorporar Alemania a la región, y sentar las bases de una Europa unida e integrada.

La existencia de un cierto sentido de comunidad parece ser la llave en el avance en la ejecución de programas comunes para la integración y la superación de cualquier obstáculo que surja (especialmente en el mantenimiento de la paz y el desarrollo de la región en Centroamérica). ¿En qué medida la integración regional en Centroamérica es un instrumento de defensa de la paz y la democracia? En gran medida. Unidos somos mejores y más fuertes para conquistar el desarrollo y el progreso.

El autor es abogado.

www.carloscerdaescritor.com

Opinión democracia Opinion paz archivo
×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí