Hoy necesitamos Buenos Pastores

“Buen Pastor” no solo se le llama a aquel que cuida bien de las ovejas; también se le ha llamado pastor a Dios. Como dice el salmista: “El Señor es mi pastor, nada me falta, por lugares tranquilos me hace reposar” (Sal. 23, 1). Al Mesías prometido (Ez. 34,23-24). Por ello Jesús se llama a sí mismo, el “Buen Pastor” (Jn. 10, 11).

“Buen Pastor” no solo se le llama a aquel que cuida bien de las ovejas; también se le ha llamado pastor a Dios. Como dice el salmista: “El Señor es mi pastor, nada me falta, por lugares tranquilos me hace reposar” (Sal. 23, 1). Al Mesías prometido (Ez. 34,23-24). Por ello Jesús se llama a sí mismo, el “Buen Pastor” (Jn. 10, 11).

El Buen Pastor es el que guía sus ovejas para que sean ellas mismas quienes caminen en libertad (Jn. 10, 9). Es el servidor que calladamente se las juega por todos (Jn. 10, 12. 15. 17-19). Es el que sirve y no le importa correr el riesgo de perder la vida con tal de salvar a sus ovejas: los seres humanos (Jn. 10, 10).

El Buen Pastor es el que da la mano reconciliadora, el que une a todos en un solo redil (Jn. 10, 16). El que acoge a todos sin distinción alguna (Jn. 10, 16). El que une a todos, a los de cerca y a los de lejos formando un pueblo justo y solidario (Jn. 10, 16). El que arriesga todo por el bien de todos sin buscar intereses personales algunos (Jn. 10, 1-2).

En cambio los malos pastores son denunciados por los profetas cuando decían a los jefes políticos y religiosos de su tiempo: “Se me comunicó esta palabra de Yavé: Les dirás a los pastores: Esta es una palabra de Yavé: ¡Ay de ustedes, pastores de Israel: pastores que solo se preocupan de ustedes mismos! ¿Acaso el pastor no tiene que preocuparse del rebaño? Se alimentan de leche, se visten con lana, sacrifican los animales gordos, pero no se preocupan de sus ovejas. No han reanimado a la oveja agotada, no se han preocupado de la que estaba enferma, ni curado a la que estaba herida, ni han traído de vuelta a la que estaba extraviada, ni buscado a la que estaba perdida. Y a las que eran fuertes, las han conducido en base al terror. Sin pastores, mis ovejas se han dispersado: siendo así presa fácil de las fieras salvajes. Mi rebaño se dispersó por las montañas y colinas; el resto está disperso por todo el país, y nadie se preocupa o sale en su búsqueda. Por eso, pastores, escuchen la palabra de Yavé: Tan cierto como que yo vivo, dice Yavé, que si mis ovejas quedaron expuestas a los ladrones, si se convirtieron en presa de las fieras salvajes, la culpa es de los pastores. Mis pastores no se preocuparon de mis ovejas, se preocuparon de sí mismos pero no del rebaño”. (Ez. 34,1-8).

Asimismo Jesús —como los grandes profetas de Israel—, sentía verdadero dolor al ver cómo los pastores políticos y religiosos de su tiempo habían abandonado a su pueblo: “Al ver la muchedumbre, sintió compasión de ella, porque estaban vejados y abatidos, como ovejas sin pastor” (Mt. 9, 36)… ¡No les importan las ovejas”! (Jn. 10, 8. 10. 12-13).

El mundo político y religioso de hoy necesita de líderes que sean buenos pastores del pueblo, de las comunidades cristianas al estilo de Cristo: Líderes y pastores que se entreguen al servicio del pueblo, como el Buen Pastor, Cristo. Líderes y pastores que no busquen engordarse a costa del pueblo, sino que estén dados sin interés egoísta alguno al servicio de todos, como el Buen Pastor: Cristo.

Religión y Fe

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