Nasere Habed López

Castigos físicos a los hijos

Los castigos físicos se definen como la “imposición” intencional de dolor corporal, como método de cambio de comportamiento. Puede incluir bofetadas, puñetazos, patadas, pellizcos, sacudimientos, jalar el cabello, la oreja, coscorrones, golpes o azotes, mediante el uso de reglas, fajas, palos, “coyunda” u otros objetos. También mediante posturas dolorosas, como estar arrodillado, o por otros métodos que causan dolor físico.

El castigo físico ha sido, desde la más remota antigüedad, el recurso para imponer la disciplina en el hogar. Disciplina y castigo son términos estrechamente relacionados entre sí. La palabra disciplina, del latín discere, significa enseñar. Enseñar a comportarse conforme con reglas o patrones determinados de conducta, especialmente de orden moral. Disciplina, también se llama un instrumento especial que sirve para azotar, lo que refleja la relación histórica entre disciplina y castigo.

La misma Biblia nos da a entender la influencia del castigo en la educación: “No escasees la corrección al muchacho; pues aunque le des algún castigo, no morirá” (Proverbios 23:13). “Aplícale la vara del castigo y librarás su alma del Infierno” (Proverbios 23:14).

No podemos negar la importancia de la disciplina en la transmisión de valores morales, que orientan la conducta hacia el bien del propio niño y de la sociedad. Si los niños hacen lo que les da la gana, a la larga se perjudican ellos mismos y afectan a la sociedad.

En lo que se refiere al castigo corporal, si bien es cierto que puede ser eficaz para lograr la disciplina, lo cierto es que daña la autoestima y genera resentimiento en el niño. Además hace depender la buena conducta de la posibilidad de ser castigado. Tampoco es recomendable el sistema de premios. Los premios como los castigos solo inducen al bien cuando media un beneficio personal, o evitan sufrir un castigo.

Únicamente existe una disciplina auténtica, cuando se interiorizan en nuestra conciencia y consideran propias, las normas y principios morales que nos enseñan nuestros padres. Si es así, actuaremos siempre bien, con corrección y dignidad, aunque no haya premios ni ventajas personales.

La mala conducta en el hogar, generalmente es un síntoma de mal ajuste social, más que una falta que hay que castigar. Los padres deben tratar de descubrir las causas de la indisciplina para corregirla. Su origen puede estar en los modelos de comportamiento que el niño observa en su hogar, carencia de afecto, arbitrariedad y autoritarismo de los padres, y en el ejemplo dañino de los compañeros del niño.

La causa puede estar también en la etapa crítica del desarrollo que atraviesa la personalidad del niño, especialmente en la primera crisis de la oposición (entre 3 y 6 años) y en la crisis puberal (11 a 14 años), etapas de la vida que se caracterizan por tratar el niño de imponer su voluntad, resistiéndose a la influencia de los demás, irritabilidad, susceptibilidad y egocentrismo.

El hogar es la primera escuela del niño. Corresponde a los padres saber enseñar disciplina, desde los primeros años de vida del niño. Contribuyen a lograr buenos resultados los siguientes consejos:

—Ser consistentes en la disciplina. Hay padres que cuando están contentos dejan pasar las faltas disciplinarias y cuando están irritados reaccionan con violencia por cualquier cosa.

—Prestar atención a lo que dice el menor, darle importancia a sus palabras, aunque se trate de nimiedades. Así fortalecemos su autoestima y le enseñarnos que él también debe prestarnos atención.

—El niño debe saber siempre en qué hizo mal y por qué es malo lo que hizo, a fin de que tome conciencia de la importancia de sus faltas.

—No demostrar favoritismo hacia ninguno de los hijos. Genera resentimiento y celos en los demás. Lo mismo ocurre cuando se pone a un hermano como ejemplo de los otros.

—Predicar con el ejemplo personal. Los padres son el espejo en que se miran sus hijos.

—No crearles complejo de inferioridad. Jamás decirles que son “malos”, que no los quieren, que son una carga, que son brutos, desagradecidos o expresiones similares.

—Jamás regañarlos delante de sus amigos o compañeros de colegio.

—Padre y madre deben ponerse de acuerdo en el sistema de crianza, para no adoptar posiciones contradictorias en cuanto a la disciplina.

—Tratar al niño con cariño, respeto y buenas maneras. Es imposible que los hijos sean educados, si los padres son groseros.

—El maltrato entre los padres, sus discusiones acaloradas y violentas, constituyen un espectáculo triste que causa angustia y deja huellas imborrables en el alma infantil.

—Fortalecer la seguridad personal de los hijos. Que sientan que se tiene fe en ellos y en su futuro, felicitarles cuando se portan bien, apoyar sus deseos de ser mejores. Que tengan la seguridad que cuentan siempre con nuestro cariño y por difíciles que sean las circunstancias de la vida, nosotros, sus padres, seremos siempre para ellos un refugio de comprensión y cariño.

El autor es Psicólogo, Doctor Honoris Causa de la UNAM Managua y Orden Mariano Fiallos Gil, del Consejo Nacional de Universidades.

COMENTARIOS

  1. vicente ramirez
    Hace 11 años

    Ga Excelente opinion y consejos para ser buenos hijos y padres para sus hijos. En lo personal ningun supuesto codigo de la familia es y sera mi modelo para educarme y educar ha mis hjos peormente si su origen proviene de las tinieblas pues en estos artifices de tan infame engaño no hay nada bueno que enseñar para el bien comun porque solo hay maldad e hipocresia y lo que quieren es terminar o destruir la base de la sociedad: La Familia. DIOS nos libre a toda Nicaragua de estos Anticristos .

  2. juan bueno
    Hace 11 años

    buen comentario sr.
    lo que pasa que quienes están haciendo las leyes sin voluntad del pueblo no conocen a Dios son ex guerrilleros, asaltantes de bancos, pandilleros,levanta masas, delicuentes con corbata y licencia para robar y matar (immunidad) con resentimientos porque la mayoría de sus vidas la pasaron en una cárcel y no con una familia por eso no saben nada de amor, de paz y mucho menos de Dios.

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