Cuarenta días de nacido tenía el hijo de Rosa Sarmiento cuando llegó a Metapa el Coronel Félix Ramírez Madregil para trasladar a León a la madre y a su hijo a casa de su esposa, Bernarda Sarmiento, tía de Rosa y tía abuela del recién nacido. Para el largo viaje, de dos jornadas a lomo de mula, se preparó un cesto donde fue acomodado el niño Rubén.
Cuatro días después de su llegada a León, en la Catedral, el niño es bautizado y recibe el nombre de Félix Rubén. Félix por su padrino, el Coronel Ramírez y Rubén por decisión de su madre. Las aguas bautismales las recibió del presbítero José María Occón, como consta en la respectiva acta, hijo legítimo de Manuel García y Rosa Sarmiento (3 de marzo de 1867).
Por influencia de la tía Rita Darío, los padres de Rubén vuelven a convivir. Fruto de esa convivencia nace una niña, Cándida Rosa, que muere a los pocos días. Ante la conducta incorregible de Manuel García, mayor de cuarenta y cinco años y aficionado a la bebida y las mujeres, Rosa Sarmiento regresa con su hijo a casa de Bernarda Sarmiento. El matrimonio, arreglado por tía Rita Darío, fue un fracaso. En plena juventud, Rosa es una mujer atractiva, que fue inducida a casarse cuando tenía 23 años. En su autobiografía, Darío la evoca como una “señora delgada, de vivos y brillantes ojos negros ( ) blanca, de tupido cabello oscuro, alerta y risueña, bella”. En cambio, de su padre dice que este “figuraba como mi tío Manuel”. Y agrega: “No sé por qué siempre tuve un desapego, una vaga inquietud separadora con mi tío Manuel”.
Como muchas familias leonesas, la tía Bernarda se ayuda económicamente aceptando estudiantes como pensionistas. Uno de ellos es Juan Benito Soriano, joven hondureño de buena presencia, blanco y alto. Juan Benito y Rosa se enamoran y un día deciden escaparse rumbo a San Marcos de Colón en Honduras, llevándose con ellos al niño Rubén. Rosa espera encontrar la felicidad que estuvo ausente en su arreglado matrimonio. Varios meses pasó Rubén en ese medio rural del que conservó un vago recuerdo, salvo el día en que, gateando, se perdió y fue encontrado “lejos de la casa, tras unos matorrales, debajo de las ubres de una vaca ( )”. “Se me sacó de mi bucólico refugio, se me dio unas cuantas nalgadas y aquí mi recuerdo de esa edad desaparece como una vista de cinematógrafo”.
Hasta San Marcos de Colón llega el Coronel Félix Ramírez, quien convence a Rosa con el argumento de que para una mejor educación del niño Rubén, conviene que este sea llevado a León, a casa de la tía Bernarda, donde recibirá los solícitos cuidados de sus tíos abuelos y llenará el vacío que dejó la muerte de la única hija del matrimonio Ramírez Sarmiento.
El niño Rubén crece creyendo que el Coronel Ramírez y doña Bernarda son sus padres, hasta que “un día, nos dice Darío en su autobiografía, una vecina me llamó a su casa. Estaba allí una señora vestida de negro, que me abrazó y me besó llorando, sin decirme una sola palabra. La vecina me dijo: ‘Esta es tu verdadera madre, se llama Rosa y ha venido a verte desde muy lejos’”. En ese momento el niño no comprendió las palabras de ternura ni los consejos de aquella dama extraña. “Fue para mí rara visión. Desapareció de nuevo ( )”. No la volvería a ver sino veinte años después, cuando Rubén despierta de una larga depresión, no exenta de excesos alcohólicos, a raíz de la muerte de su primera esposa Rafaela Contreras Cañas. Dos mujeres están al lado de su cama asistiéndolo, su madre Rosa y su hermana Lola, a quien Rubén no conocía. Estos fueron los únicos encuentros de Darío con su madre Rosa Sarmiento.
Rubén considerará siempre como sus auténticos padres a sus tíos abuelos, el Coronel Ramírez y doña Bernarda Sarmiento. “La paternidad única es la costumbre del cuidado y del cariño”, escribirá Darío en su autobiografía.
La casa de la tía abuela Bernarda será el hogar donde transcurrirá la infancia y primera adolescencia de Darío. La casa y su ambiente ejercerán una gran influencia en el poeta. En ella aprenderá las primeras letras, en el regazo de la tía Bernarda y despertarán su imaginación y su sensualidad. Compondrá también sus primeros versos y pronto será reconocido como el “poeta niño”.
El autor es jurista y escritor.
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