Cuando observamos la controversial discusión de la construcción del Canal Interoceánico en Nicaragua es imperativo indagar más, ahondando en la percepción de expertos para que nos ubiquemos en la realidad, puesto que la propaganda y la polvareda que levantan los medios de comunicación, debido al hermetismo informativo de las partes, da paso a la especulación, cuyo resultado es la desinformación.
Es claro que cualquier megaproyecto de la dimensión del mencionado, en cualquier parte del mundo, producirá grandes impactos ambientales que aunados a los impactos sociales, políticos y económicos serían catastróficos para un país como Nicaragua, cuyos índices de pobreza son escalofriantes.
Según los científicos que realizaron un fugaz estudio de dos días en un panel técnico en la Universidad Internacional de la Florida, donde uniendo criterios de varios expertos en diferentes ramas del ecosistema, utilizando alta tecnología para analizar datos presentados, concluyeron que se requiere de mayor tiempo e información, sobre todo al Lago de Nicaragua, el cual fue muy reducido y por ende solo les permitió hacer recomendaciones para la elaboración de un completo estudio de impacto ambiental, que se requiere para dar luz verde al megaproyecto y que debe hacerse minuciosa, objetiva y responsablemente en el tema ecológico, social, económico y político.
Cada señalamiento de impacto en las diferentes áreas deberá tener propuestas de solución planteadas para contrarrestar, mitigar o evitar dicho impacto.
Para ser más concretos, considerando el impacto social y económico que traerá el desalojo de propiedades a campesinos afectados por la expropiación de sus tierras, que han sido la heredad por la eternidad, pasando de generación a generación, lo cual garantiza una de las necesidades primarias del ser humano, como es la vivienda, aunque esta no esté a la altura de las necesidades del grupo familiar.
El Gobierno tendría que plantear una solución para mitigar este impacto a corto, mediano y largo plazo.
De tal manera que conociendo el modus operandi de Daniel Ortega, especialista en hacer castillos en el aire, poner primeras piedras y prometer cambios haciendo celebre la frase: “Me harás firmar, pero cumplir jamás”, es comprensible la oposición de la sociedad civil a que se lleve a cabo. Solo por mencionar algunos de los incumplimientos de Ortega está la firma de acuerdos de paz a finales de los años ochenta, cuando la presión interna e internacional lo obligaron a ceder, pero nunca cumplir.
Por tal motivo se torna inútil pensar que el Gran Canal esté cercano a hacerse realidad; más bien podría considerarse que sea una más de las cortinas de humo que utilizan para mantener al pueblo pendiente de una quimera para desviarlos de la atención de otros temas de mayor importancia, como son los fraudes electorales, el autoritarismo de un gobierno despótico y dictatorial, la galopante corrupción en todos los poderes del Estado, etc.
Esa es la mayor preocupación que tiene la población y como Ortega sabe eso tomó la decisión unilateralmente sin consultar al pueblo, porque en su interior está convencido de que no va a cumplir, puesto que jamás ha sido prioridad mitigar las necesidades del pueblo, sino satisfacer su ego y aumentar su erario.
La autora es periodista y escritora nicaragüense.