El día de ayer, ante invitación de AmCham, tuve la oportunidad de poder presentar lo que ha sido desde nuestra perspectiva el rol de los gremios empresariales en el período que va desde 1990 a la fecha.
El espacio de tiempo sobre el que hice mi presentación tiene como motivación los primeros 25 años que han transcurrido entre la guerra y la paz, entre la confrontación y la estabilidad, entre el atraso y una tendencia de desarrollo y crecimiento, que si bien no es suficiente, es un punto de partida irreversible para continuar avanzando.
Pudimos evidenciar con datos económicos relevantes cuál ha sido la evolución económica de nuestro país en este cuarto de siglo y en particular cuál ha sido el papel que ha jugado la gremialidad empresarial en este tiempo; cuáles han sido nuestras creencias; cuáles son los principios y valores que nos inspiran; las lecciones aprendidas y los resultados obtenidos.
En la etapa previa, de 1980 a 1990, en la gremialidad tuvimos la imperiosa necesidad de actuar como un partido político para defender nuestros principios y la institucionalidad democrática; situación que conllevó a que la agenda económica no fuese la prioridad y que el desarrollo económico y social pasara a ser un rehén de las confrontaciones políticas de ese entonces.
En ese recorrido por la Historia, en los años 1990 al 2000, nos encontramos con una gremialidad empresarial enfocada en reconstruir el país y contribuyendo a garantizar la paz y la estabilidad social, y por ello, dando un respaldo y apoyo decidido a los gobiernos electos democráticamente, es decir, actuando, pero sin una agenda gremial propia.
En el período del 2001 al 2006, en la gremialidad nos enfocamos en trabajar para abrirnos al mundo globalizado, al comercio mundial y regional y de ahí que hayamos dado un salto cualitativo por cuanto comenzamos a impulsar y ejecutar nuestra propia agenda, iniciando un proceso de cambio que ha sido trascendente para nosotros como gremios y empresarios, y también, relevante para el país.
Ese esfuerzo, no obstante, tuvo sus dificultades en el período 2007 y 2008, en el cual desde la gremialidad tuvimos que encarar un cambio de gobierno y el retorno del actual al poder, sumado a las crisis internacionales relacionadas con los bienes inmobiliarios y el precio del petróleo, todo lo cual generó incertidumbre y expectativas y por ello nos concentramos con nuestra agenda a enfrentar las dificultades y buscar cómo no retroceder ni institucional ni económicamente.
Para ello fue importante trabajar con prioridad y ahínco en la unidad del sector privado sin dejar de ser proactivos en un escenario en que solo se transitaba en aquel entonces en una carretera de una “sola vía”.
Esa definición estratégica nos llevó a que a partir del 2009 replanteáramos nuestros esfuerzos para impulsar la institucionalidad y el desarrollo económico de Nicaragua con la presentación a la nación de las Agendas Cosep.
La presentación de la primera Agenda Cosep, que denominamos Impulsar la Institucionalidad y el Desarrollo Económico de Nicaragua , sirvió en ese momento no solo para mitigar el impacto de la crisis en relación con el empleo y la sostenibilidad de las empresas, sino para abrir una carretera de doble vía entre Gobierno y sector privado.
Y lo hicimos convencidos de varias premisas y creencias. En primer lugar, de que haciendo crecer la economía también haríamos crecer la democracia, ya que no es empobreciendo un país que lo hacemos más democrático. Y en segundo orden, persuadidos de que nuestro desarrollo económico no podía seguir siendo rehén de las confrontaciones e intereses políticos y por tanto era necesaria la priorización de los temas económicos a la par de los temas políticos; todo lo cual pasa por la invariable fórmula de fortalecer al empresariado para así poder hacer grande a Nicaragua.
Esa Historia recorrida de la gremialidad, los resultados económicos positivos logrados y las creencias que hemos interiorizado, nos han permitido identificar una serie de lecciones que son fundamentales para continuar desde los gremios empresariales, contribuyendo al fortalecimiento de la institucionalidad democrática y el desarrollo económico y social del país y que por asuntos de espacio me referiré a ellas puntualmente en el editorial de la próxima semana.
EL AUTOR ES PRESIDENTE DEL COSEP.
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