Aun frente a un rival discreto y que estuvo más atento —aunque sin éxito— a su portería que a la de su adversario, la Selección Nacional de Futbol de Nicaragua ofreció ciertos destellos que demuestran que se está trabajando y que se avanza, aunque sea de forma paulatina, en términos conceptuales.
Anguila es un equipo anecdótico, pero Nicaragua lo trató como tal. Lo castigó con un ataque insistente, al que le faltó precisión en la jugada definitoria, pero que fue capaz de orquestar varias arremetidas con mucho orden y sincronización, mientras goleaba 5-0.
Nicaragua jugó todo el tiempo en el área rival y quizá debió adelantar las líneas frente a un club que se agazapó para evitar un mayor desastre, pero fue visible la determinación de atacar, en lugar de defenderse, como ha ocurrido históricamente con los clubes nicas.
Está claro que Anguila se prestaba para eso, para volcarse, mientras el arquero Justo Lorente se volvía un espectador más, pero en la medida que se avance en la eliminatoria, el nivel de los rivales irá en ascenso y entonces será interesante ver qué variantes aplica el técnico Henry Duarte.
Los especialistas en futbol seguro hallarán muchas fisuras en el desempeño del equipo y claro que las tiene, pero decido sumarme al entusiasmo que fue capaz de generar el plantel ante los más de seis mil fanáticos que llegaron a respaldarlos anoche, en lugar de criticarlos porque su rival era totalmente flojo.
Se pasó de un primer tiempo eléctrico, con cuatro goles y al menos cinco oportunidades desperdiciadas, a un segundo tiempo de voltaje bajo, con un equipo que pareció acomodarse al rival o que quizá pensó que eran suficientes cinco tantos, algo nunca antes conseguido.
Ante rivales más duros habrá que trabajar más fino y con más voltaje, pero ante un rival flojo como Anguila, había que golear y eso fue lo que ocurrió.
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