Nasere Habed López

Acoso sexual de los jefes

El Código Penal de Nicaragua bajo el título Acoso sexual ; establece textualmente lo siguiente: “Art. 174. Quien de forma reiterada o valiéndose de su posición de poder, autoridad o superioridad demande, solicite para sí o para un tercero, cualquier acto sexual a cambio de promesas, explícitas o implícitas, de un trato preferencial, o amenazas relativas a la actual o futura situación de la víctima, será penado con prisión de uno a tres años. Cuando la víctima sea menor de dieciocho años de edad, la pena será de tres a cinco años de prisión”.

El escenario social en que generalmente se observa el acoso sexual, es el trabajo. Se observa en las relaciones interpersonales del jefe con la mujer subordinada. En este ambiente el jefe se vale de su autoridad, de su posición de poder, para acosar sexualmente a la mujer.

Por su naturaleza, la relación jefe-subordinada es una relación asimétrica, entre un hombre con autoridad y poder y una mujer en situación de desventaja por tres motivos: por ser mujer en una sociedad machista como la nuestra; por ser subordinada; y por ser menos importante en sus funciones que el jefe, de modo que en caso de conflictos interpersonales, lo más seguro es que el centro de trabajo proteja al jefe y prescinda de la trabajadora.

El asedio o acoso sexual del jefe es un mal generalizado y endémico en Nicaragua. Es una expresión de la pérdida de valores que sufre nuestra sociedad. Se observa lo mismo en el sector público, que en el sector privado, hacia trabajadoras de oficina, como hacia asistentes del hogar. Se presenta frecuentemente en jefes varones y excepcionalmente en dirigentes mujeres.

El bien jurídico protegido en el delito de acoso sexual, es la integridad psico-sexual de la mujer, esto es, la salud mental, el honor y dignidad, de la mujer. Como consecuencia del acoso sexual la víctima vive un verdadero infierno. El empleo, el trabajo que realiza pierde valor como medio de vida y de realización personal, para convertirse en un suplicio, un martirio, por culpa del acosador que no la deja en paz. Son frecuentes en la mujer acosada, las alteraciones del sueño, la depresión, la angustia, sentirse en un callejón sin salida, sin saber qué hacer. A la par del daño a la salud mental, el acoso menoscaba el talento de la mujer y su rendimiento en el trabajo, perjudicando indirectamente con ello, los resultados sociales de la empresa o institución en que trabaja.

En el marco de las diferencias individuales, el acoso sexual no afecta a todas las mujeres con la misma intensidad. La gravedad del daño a la salud mental, está relacionada con la naturaleza del acoso y la escala de valores de la mujer agredida.

Desde un enfoque jurídico, llama la atención que siendo el acoso sexual un mal que con frecuencia se observa en nuestra sociedad, son pocos los casos en que la mujer presenta denuncia ante las autoridades. Más raro aun es que los tribunales de justicia dicten sentencias condenatorias contra los jefes acosadores. Veamos los hechos.

El total de mujeres de empleo formal en Nicaragua es un poco más de 300,000 aseguradas por el INSS, a lo que debemos agregar, el número de mujeres de empleo informal. De estas miles y miles de mujeres, solo 28 presentaron denuncias de acoso sexual ante los tribunales en el año 2014; y del total de denuncias presentadas, solo un hombre recibió sentencia condenatoria conforme con las estadísticas de la Corte Suprema de Justicia.

Lo cierto es que las miles de mujeres nicaragüenses, acosadas sexualmente por sus jefes, no denuncian el delito por miedo a perder el empleo, no conseguir un nuevo trabajo y quedar incapacitada para atender las necesidades económicas de su familia.

Corresponde a las instituciones y organizaciones sociales, abocados a la protección y defensa de los derechos de la mujer, estudiar a fondo esta realidad trágica que viven las víctimas de acoso sexual de sus jefes, buscando la justicia, la salud mental y la seguridad económica, que merecen las mujeres trabajadoras de nuestra patria.

El Autor es Psicólogo, Doctor Honoris Causa de la UNAN- Managua y Orden Mariano Fiallos Gil, del Consejo Nacional de Universidades.

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