José Antonio Maldonado se sube a un bus de la ruta 266 en la Carretera Norte, paga su pasaje, pide permiso para hablar, y de pie, a unos centímetros del chofer, suelta su monólogo a los que van en el bus.
“Si hablamos de trabajo, este es el mío, sesenta por ciento en nuestra población somos personas que laboramos día a día, me entiende, es una bendición tener trabajo, solo una señora que me dice en una ocasión: estoy joven ¿para qué me voy a vitaminar?, no hombre, la vitamina es para todos. Entre más trabajás, entre más estudiás más vitamina necesita el cerebro, ¿sabés qué significa la palabra vitamina?, sustancia de vida y el motor principal del ser humano es el cerebro. Mire, usted mueve un dedito, el cerebro permite esa función, no mire que él manda la información al resto del cuerpo, me está entendiendo, por eso hay personas que nunca se vitaminan, se les duerme la mitad de la cara y es peligroso un derrame, una parálisis facial, una embolia. Me dice una señora, ‘muchacho ¿qué será bueno? cuando una persona sufre de dolor en el cerebro’. Que si el cerebro no duele, nosotros tenemos arterias que viajan del cerebro al cerebelo. Cuando las personas no se vitaminan las arterias se comienzan a recargar, a veces no dejan que llegue oxígeno al cerebro, normalmente te duele el cuellito es síntoma de estrés. Tú te agachas a levantarte mirás oscuro, estás débil, hay personas que tienen problemas de insomnio, no duermen, hay algunos que tienen que tomar diazepam para dormir. No es bueno, lo mejor es vitaminarse, alimentarse bien. No todos los días las personas se levantan igual, hay veces nos levantamos agotados, cansados, sin energía, y algunos le llaman pereza, ese es agotamiento físico oyó. Son las energías perdidas por exceso de trabajo, por exceso de estudio. Tengo el honor de presentarte una buena vitamina, hoy en esta hermosa y bonita mañana”.
En dos minutos y medio, Maldonado enganchó a su público, los pasajeros que van en esta 266, con destino al Oriental. Es poco antes de mediodía y en un tramo de tres paradas de buses, este regente boticario improvisado, que se ha hecho a palos, vende 180 córdobas en sobres de Multivitamina Gerial b 12. Es un poco menos de lo que vendió en el trayecto anterior. Entre la parada de El Nuevo Diario y la Siemens, en un bus de la ruta 114, Maldonado vendió 240 córdobas en sobres de la misma multivitaminas.

LA PRENSA/ A. MORALES
“Al día me gano quinientos o seiscientos pesos”, dice este hombre que tiene dicción de política y habla como si evangelizara. Presume que en los departamentos su ganancia es mayor. “Hasta mil pesos si me voy a Chinandega, Matagalpa. Ayer me anduve en Catarina”, dice y explica que el ochenta por ciento de lo que vende le queda de ganancia.
VENDEDOR A PALOS
Maldonado vende medicinas: vitaminas y desparasitantes en los buses desde hace 11 años. Él era un vendedor de cajetas que escuchaba y miraba a los que vendían medicinas, y no paraba de preguntarse: ¿cómo hacen? ¿De dónde surten? Le hizo las preguntas a un vendedor al que le tenía confianza. Y entre bromas le dijo que no iba a enseñarlo. No tuvo más remedio que espiarlo. Un día lo siguió, se bajó en la misma parada, caminó detrás a una distancia moderada para que no lo viera y así llegó al gran expendio de medicinas económicas: el Mercado Oriental.
Preguntó por las medicinas, preguntó para qué servían, de qué males curaban. Inconforme con las explicaciones se documentó en Internet, preguntó a médicos conocidos y así aprendió, dice, el resto es historia: construyó su discurso y se subió a hacer lo mismo que muchos otros: vender medicinas y suplementos vitamínicos en los buses, explicando para qué sirven, cuáles son sus ventajas y desventajas. Tiene la labia de un experto. Habla con un tono persuasivo del que bien podrían aprender algunos médicos que, en los centros de salud y clínicas previsionales, apenas preguntan los síntomas al paciente. A pesar de su verborrea convincente, Maldonado, sabe que hay gente que los tacha de charlatanes, pero él se defiende asegurando que todos los productos que venden son hechos en laboratorios centroamericanos.
Maldonado, y otros vendedores de medicinas, dicen que algunos laboratorios les dan capacitaciones de los productos, por eso hablan con propiedad de los componentes y de los efectos para la salud.
En la parada, sentados en el borde de un parqueo, se juntan y hacen bromas. Cargan bolsos negros, cuadrados, usan camisas por dentro de los pantalones, hay cierta estética en estos vendedores.
Maldonado vende en buses desde niño. Su mamá le pegó y él se lanzó a la calle. Lo primero que vende son chiclets Romy.
“Yo estoy enamorado de mi trabajo”, dice Maldonado, quien todo el tiempo habla con el mismo tono, dicción cuidado y voz alta, que usa dentro del bus. Parte de lo que gana, lo ahorra. Ha pensado en pagar seguro facultativo, pero seiscientos pesos al mes, le parece alto. Prefiere ahorrar por su cuenta.
En sus planes está montar una pulpería en su casa situada en el barrio Capullo, en Granada. “Porque no todo el tiempo voy a poder subirme a un bus”, dice.
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