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Dilma Rousseff. LA PRENSA/ Archivo

Sale al paso de protestas

La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, dijo ayer que manifestarse es un derecho ciudadano pero que no tolerará la violencia, después de los cacerolazos del domingo en la noche cuando ella dirigía un mensaje en cadena nacional por el Día Internacional de la Mujer.

La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, dijo ayer que manifestarse es un derecho ciudadano pero que no tolerará la violencia, después de los cacerolazos del domingo en la noche cuando ella dirigía un mensaje en cadena nacional por el Día Internacional de la Mujer.

Las muestras de repudio se hicieron sentir en distintas ciudades, según medios locales, pero los registros periodísticos y vídeos aficionados divulgados no permitieron determinar su magnitud. En Sao Paulo, donde gran parte de la población apoya a la oposición, se escucharon agravios y pedidos de destitución de la mandataria, cuyo segundo gobierno inició en enero.

“La elección se terminó, y no puede haber un tercer turno de elecciones (…) a no ser que se quiera hacer una ruptura democrática”, dijo Rousseff.

Brasil vive un clima político de gran incertidumbre luego de que la procuraduría general de la República consiguiera la venia de la Corte Suprema para investigar a 47 políticos por su supuesto involucramiento en el escándalo de corrupción en Petrobras.

A esto se suma el oscuro momento económico; hace más de cuatro años que Brasil no consigue hacer despegar la actividad y sus indicadores empeoran cada mes, con una inflación de 7.5 por ciento y una fuerte devaluación de la moneda.

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