El ataque con arma blanca ayer en la mañana contra el embajador de Estados Unidos en Seúl, Mark Lippert, es el acto más reciente de violencia política en un país profundamente dividido y donde algunos surcoreanos demuestran su furia contra Washington por su papel en la turbulenta historia moderna de las dos Coreas.
“Corea del Sur y del Norte deberían reunificarse”, gritó Kim ki-jong, de 55 años, cuando atacó a Lippert con un cuchillo de 25 centímetros, dijeron testigos y la Policía.
El ataque dejó una herida desde abajo del pómulo, que se extendió por la mejilla hacia la mandíbula de Lippert. Los médicos necesitaron ochenta puntos para cerrar la herida que medía 11 centímetros de largo y tres centímetros de profundidad, dijo Chung Nam-sik, portavoz del Hospital Severance. Lippert también fue sometido a una cirugía en el brazo para repararle tendones y nervios.
El ataque ocurrió en un centro de artes escénicas cuando Lippert se preparaba para presentar una conferencia sobre las perspectivas de paz en la dividida península de Corea.
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